Por Jorge Morales, gerente general de Horux Latam
La seguridad vial ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud como un problema de salud pública y de equidad social. En Chile, mueren en promedio cinco personas al día en siniestros de tránsito, siendo principalmente hombres en edad productiva las víctimas fatales. Durante 2024, se registraron 75.653 siniestros, con un saldo de 1.439 fallecidos y más de 42 mil lesionados. Son cifras que duelen.
Entre el 13 y el 23 de septiembre del año pasado hubo 1.546 accidentes viales y 61 fallecidos, un 65% más que en un período festivo similar en 2019. La imprudencia del conductor, el alcohol y la velocidad excesiva siguen siendo las principales causas de tragedias que afectan no solo a quienes conducen, sino también a peatones, pasajeros y familias enteras.
Es urgente reforzar una cultura de prevención y educación vial, junto con aprovechar las posibilidades que la tecnología hoy nos ofrece. Existen sistemas capaces de monitorear la somnolencia, la fatiga y la distracción del conductor, así como alertar sobre frenadas bruscas, exceso de velocidad o uso del celular al volante. Estos dispositivos permiten anticipar y prevenir accidentes en el transporte de pasajeros y de carga, donde un solo error puede costar muchas vidas.
En la Unión Europea, el reglamento de seguridad general obliga a incorporar tecnologías como la asistencia inteligente de velocidad, sensores para maniobras en reversa, detectores de fatiga y sistemas de registro de datos de eventos en todos los vehículos. Chile debiera mirar este ejemplo y avanzar hacia exigencias similares, que complementen la fiscalización y la educación ciudadana.
No basta con acordarse de la seguridad vial solo en fines de semana largos o vacaciones. La responsabilidad es de todos: de las autoridades que deben legislar y fiscalizar, de las empresas que deben invertir en seguridad y de cada conductor que debe tomar decisiones conscientes y responsables.

























