- Inversión china en Latinoamérica, más allá de Chancay, Perú, Chile y Brasil marcan la ruta, la presencia de China en América Latina ya no puede resumirse únicamente como la de un comprador masivo de materias primas. El gigante asiático ha dado un salto cualitativo en la última década, consolidándose como un inversor estratégico en múltiples sectores que abarcan desde minería y energía hasta infraestructura, logística y transición energética.
Tres estudios recientes –el Monitor de Inversión Extranjera Directa de China en América Latina y el Caribe (OFDI), el Regional Repository of Chinese Investments in Latin America y la encuesta Investment Attractiveness de EY– coinciden en una misma conclusión: la apuesta china en la región no solo se ha diversificado, sino que también ha alcanzado magnitudes históricas.
Según cifras del OFDI, al cierre de 2024 se habían confirmado 678 transacciones, con desembolsos que superan los US$129.000 millones y la creación de cerca de un millón de empleos. Por su parte, el informe elaborado por el Núcleo Milenio sobre los Impactos de China en América Latina y el Caribe (Iclac), en colaboración con The Dialogue, contabiliza 296 inversiones en ocho países por cerca de US$132.000 millones.
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Perú: epicentro portuario y minero
Si hay un país que ejemplifica la magnitud del interés chino en América Latina, ese es Perú. La nación andina, tradicionalmente reconocida por su riqueza minera, ha sido receptora de algunos de los proyectos más ambiciosos liderados por compañías chinas.
El puerto de Chancay, actualmente bajo el control de Cosco Shipping Ports, se ha convertido en un símbolo del alcance de la inversión china. Concebido como un hub portuario de nivel mundial, este proyecto busca posicionar a Perú como la principal puerta de entrada y salida del comercio entre Asia y Sudamérica.
Pero no es el único caso relevante. Otro proyecto que cobra fuerza es el Terminal Portuario San Juan de Marcona, adjudicado a Jinzhao Mining con una inversión de US$405 millones y una concesión a 30 años. Este terminal, ubicado estratégicamente en la costa peruana, tiene como objetivo potenciar las exportaciones de minerales y otras mercancías hacia Asia, al tiempo que diversifica la infraestructura logística del país.
El atractivo de Perú no se limita a lo portuario. Su fortaleza minera lo mantiene como un destino clave para la inversión extranjera directa. Según la encuesta Investment Attractiveness de EY, Perú ocupa el primer lugar como el país más atractivo de la región para los inversionistas chinos, lo que refuerza su posición como socio prioritario.
Chile: estabilidad política y apuesta energética
En el caso de Chile, la relación con China combina estabilidad política con un fuerte interés en sectores estratégicos como la energía y la minería. Según los datos de EY, un 22% de los empresarios chinos que aún no han invertido en Latinoamérica expresan interés en hacerlo específicamente en Chile en los próximos tres años.
Las razones son evidentes:
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Un 84% de los encuestados califica la estabilidad política chilena como “excelente” o “buena”.
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Un 71% destaca el contexto social como uno de los aspectos más sólidos del país.
Este nivel de confianza es un activo clave para atraer nuevas inversiones. Además, la transición energética chilena –con proyectos de energías renovables, almacenamiento y producción de hidrógeno verde– encaja de manera natural con las prioridades estratégicas de China, que busca garantizar suministros sostenibles y fortalecer cadenas de valor globales.
La diversificación chilena también se refleja en áreas como el litio, un recurso crítico para la industria de baterías eléctricas. Varias compañías chinas ya participan en proyectos de extracción y procesamiento, lo que refuerza la interdependencia entre ambos países.
Brasil: un gigante que multiplica la atracción
Brasil, la mayor economía de América Latina, también se ha consolidado como un destino prioritario de la inversión china. De hecho, logró duplicar la inversión en 2024 respecto al año anterior, alcanzando los US$4.200 millones en sectores tan variados como energía, automotriz e infraestructura.
La magnitud del mercado brasileño lo convierte en un imán natural para las empresas chinas. El tamaño de su población, el dinamismo de su industria y la necesidad de modernizar infraestructuras crean un entorno fértil para grandes proyectos.
Ejemplos recientes incluyen inversiones en energías renovables, donde empresas chinas han financiado parques solares y eólicos, y en el sector automotriz, particularmente en el desarrollo de vehículos eléctricos y sus cadenas de suministro. Además, la infraestructura sigue siendo un foco prioritario, con proyectos que van desde carreteras hasta la modernización de puertos y aeropuertos.
Para China, Brasil no solo es un socio comercial estratégico, sino también un mercado de escala global donde puede ensayar modelos de inversión y cooperación que luego se replican en otras partes de América Latina.
Tendencias de diversificación
Uno de los hallazgos más relevantes de los estudios es la diversificación sectorial de la inversión china en la región. Aunque minería y energía continúan siendo predominantes, en la última década se ha observado un giro hacia áreas vinculadas a la transición energética y la logística.
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Transición energética: proyectos de energías renovables, infraestructura eléctrica y desarrollo de nuevas tecnologías como el hidrógeno verde.
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Logística y transporte: construcción y modernización de puertos, carreteras y corredores intermodales.
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Movilidad eléctrica: alianzas con fabricantes locales para la producción y distribución de vehículos eléctricos, motocicletas y baterías.
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Telecomunicaciones y tecnología: inversiones en redes digitales, centros de datos y soluciones de conectividad.
Este cambio responde tanto a los intereses estratégicos de China como a las demandas de los países latinoamericanos, que buscan modernizar sus economías y diversificar sus fuentes de financiamiento.
Retos y desafíos
A pesar de las cifras alentadoras, los estudios también advierten que la relación no está exenta de desafíos. Entre los principales obstáculos identificados se encuentran:
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Falta de proyectos viables: aunque el interés es alto, en algunos países no existen suficientes empresas de tamaño relevante ni proyectos económicamente sustentables para captar grandes inversiones.
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Percepciones sociales y ambientales: los proyectos chinos, especialmente en minería e infraestructura, enfrentan críticas vinculadas a impactos ambientales y relaciones con comunidades locales.
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Competencia geopolítica: la presencia china en América Latina también genera tensiones con otros actores globales, particularmente Estados Unidos y la Unión Europea, que buscan mantener su influencia en la región.
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Seguridad jurídica: aunque países como Chile ofrecen estabilidad, en otras economías la incertidumbre regulatoria puede desalentar inversiones de gran escala.
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Una relación en evolución
La evidencia es clara: la inversión china en América Latina ha alcanzado una nueva etapa. Ya no se trata únicamente de la compra de materias primas, sino de una estrategia integral que abarca infraestructura, energía, tecnología y logística.
Perú se destaca como epicentro portuario y minero; Chile ofrece estabilidad política y oportunidades en la transición energética; y Brasil, con su escala, se convierte en un imán para proyectos de gran envergadura.
La magnitud de las cifras –más de US$129.000 millones en inversiones confirmadas y un millón de empleos generados– demuestra que estamos ante un proceso de largo plazo que reconfigura las relaciones económicas de la región.
Si los países latinoamericanos logran gestionar los retos y aprovechar las oportunidades, la presencia china podría convertirse en un motor clave para el desarrollo regional, impulsando no solo el crecimiento económico, sino también la modernización de infraestructuras y la transición hacia modelos más sostenibles.























