- El comienzo de año suele ser un punto de inflexión para los emprendedores. Es el momento de ordenar ideas, ajustar planes y proyectar el crecimiento del negocio. Se revisan métricas, se definen objetivos y se buscan concursos, fondos, aceleradoras y espacios para ampliar redes de contacto. Sin embargo, en ese ejercicio de planificación estratégica, muchos emprendedores de nuestro país siguen pasando por alto un espacio que puede ser clave para crecer con mirada global: las cámaras de comercio binacionales.
Hay una percepción de que las cámaras de comercio son una especie de clubes sociales para grandes empresas, que sus precios son inaccesibles y que no se ajustan al ritmo de las firmas más innovadoras. Es momento de desmitificar esas ideas. Estas organizaciones ofrecen oportunidades reales para estrechar lazos mercantiles en el extranjero, incluso para empresas emergentes. Cámaras como las de Alemania o Francia, con larga trayectoria en Chile, fomentan la colaboración bilateral, impulsan alianzas público-privadas y apoyan a las empresas que buscan internacionalizarse. Son entidades sin fines de lucro que abren numerosas posibilidades, con exigencias generalmente accesibles incluso para startups.
En mi caso, como cofundador de Trantor (fintech dedicada al análisis de riesgo para el segmento B2B), esta oportunidad se hizo concreta cuando ganamos un programa de Corfo asociado al gobierno de Alemania. Una de las condiciones para participar era generar contactos en ese país, algo que no sabíamos cómo abordar. Fue entonces cuando recurrimos a la Cámara Chileno-Alemana de Comercio e Industria (AHK). Integrarnos como socios se transformó en una potente carta de presentación y nos permitió avanzar con paso firme en el programa.
A partir de esa experiencia, accedimos a una red activa y a un ecosistema de innovación donde pequeñas y grandes empresas buscan colaborar. Gracias a la membresía, pudimos postular al mundial de startups organizado por la región de Renania del Norte-Westfalia. Aunque no ganamos, fue una experiencia que abrió oportunidades impensadas para nuestra empresa que, con menos de dos años, pudo obtener visibilidad internacional y conexiones profesionales que siguen creciendo hasta hoy.
Comparto esta experiencia porque es fundamental para el crecimiento de Chile que más emprendedores incorporen una mirada global y exploren opciones en el extranjero, incluso en etapas tempranas. Las cámaras de comercio binacionales no son un lujo ni un espacio lejano. Presentan posibilidades concretas para proyectar al mundo todo lo valioso que hoy se está creando en nuestro país.

























