Chile se encuentra en un punto de inflexión para fortalecer su seguridad hídrica, transitando desde una gestión de crisis reactiva hacia una estrategia basada en la resiliencia y la infraestructura sostenible. Actualmente, el Estado destina aproximadamente $135.000 millones anuales a la operación de camiones aljibe para atender emergencias inmediatas. Este modelo, diseñado originalmente como una medida transitoria, hoy debe dar paso a soluciones permanentes que garanticen un acceso digno y seguro al recurso. Este cambio es urgente no solo por eficiencia financiera, sino también como respuesta al recrudecimiento de las olas de calor e incendios forestales en el país.
La transición hacia sistemas de red eficientes conlleva un beneficio ambiental innegable que no podemos ignorar. Mientras que el suministro mediante camiones genera cerca de 4,3 kg de CO2 por metro cúbico, la infraestructura de red permanente reduce este impacto a niveles de entre 0,3 y 0,5 kg de CO2 Invertir en soluciones duraderas representa, por tanto, una mejora significativa en la gestión del gasto público y un paso firme hacia la reducción de la huella de carbono en las zonas rurales y costeras.
La eficacia de este nuevo enfoque ya es visible en diversas localidades a través de soluciones autónomas que han transformado realidades locales. En la Región de Valparaíso, la implementación de desalinización modular permitió rescatar la producción agrícola al reducir la mortalidad de cultivos del 40% al 7%, mientras que en Atacama comunidades que sufrían de fuentes escasas ahora cuentan con un suministro adecuado en cantidad y calidad. Estos avances demuestran que es posible empoderar a las comunidades para que sean dueñas de su propio recurso y dejen de depender de asistencias externas reactivas.
El futuro de la seguridad hídrica reside en la denominada «acupuntura territorial», un modelo que implementa soluciones autónomas aprovechando los recursos naturales de cada localidad. Sistemas de desalinización modular impulsados por energías renovables, como la energía solar o la proveniente del oleaje, ya operan con éxito en zonas como Algarrobo. Apostar por este patrimonio tecnológico es la clave para asegurar que las comunidades cuenten con un suministro de agua protegido y resiliente frente a los desafíos climáticos del mañana.
Carlos Fredes García
Gerente de Desarrollo de Negocios
Oneka Technologies

























