Carbono en la frontera: lo que las empresas ganan anticipando
Daniel Vercelli B.

Daniel Vercelli B., Cofundador y Managing Partner de Manuia consultora, director de empresas

Desde el 1 de enero de 2026, la Unión Europea cobra por el carbono embebido en los bienes que importa. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) ya está operativo: más de 4.100 declarantes autorizados y más de 10.400 declaraciones aduaneras validadas durante la primera semana, incluyendo bienes como acero, aluminio, cemento, fertilizantes, electricidad, hidrógeno.

En el caso de Chile, el cobre no está en la lista, por lo que el CBAM no afecta directamente esas exportaciones en esta primera fase. Pero eso no significa que podamos mirar lo que ocurre desde la tribuna. La expansión a productos derivados está propuesta para 2028. Reino Unido lanza su propio mecanismo en enero de 2027; mientras que Australia, Canadá, Japón y Corea del Sur están diseñando los suyos. Los países que implementan o exploran estos mecanismos representan cerca del 60% de la economía global.

La señal es clara: el precio del carbono en frontera se va a expandir en sectores y en geografía. Las empresas chilenas que lean bien esta tendencia tendrán ventaja. Quienes la subestimen, van a reaccionar tarde y a mayor costo.

Como ventaja, Chile tiene algo que muchos competidores no poseen: una matriz eléctrica que en 2025 superó el 40% de generación solar y eólica. Los procesos industriales alimentados por la red chilena tienen una intensidad de carbono por kWh significativamente menor que los de India, China, Turquía o el Sudeste Asiático, que compiten en los mismos mercados de destino.

Esto significa que un exportador chileno con baja huella de carbono verificada pagaría menos en certificados CBAM que un competidor más emisivo. Esa diferencia, hoy marginal, va a crecer a medida que el mecanismo se amplíe y otros países lo repliquen.

Pero la ventaja solo existe si se demuestra. El cuello de botella radica en que el CBAM exige que las emisiones se calculen a nivel de instalación individual, con metodologías compatibles con las del Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (o EU ETS), verificadas por terceros acreditados. Promedios nacionales o reportes de sostenibilidad genéricos no sirven. El sistema necesita datos granulares, trazables y auditables.

Las empresas que no presenten datos reales verificados quedarán atrapadas en los valores por defecto que fija la Comisión Europea, diseñados para reflejar la intensidad de emisiones más alta entre países con datos confiables. Un exportador chileno con buena huella, pero sin datos verificados, pagará como si fuera el peor de la clase. Por ello, la inversión en sistemas de monitoreo, reporte y verificación (MRV) no es un gasto de compliance ambiental. Es una apuesta por competitividad comercial con retorno medible.

Actualmente existen cuatro frentes que definen la posición de cada empresa. Primero, infraestructura de datos: medir emisiones a nivel de instalación. Segundo, la exposición en la cadena de valor. Muchas empresas chilenas no exportan bienes CBAM directamente, pero son proveedoras de quienes sí lo hacen. Tercero, la gobernanza. El CBAM no es un tema de gerencia de sostenibilidad: es un tema de acceso a mercado, pricing y competitividad industrial. Por último está el posicionamiento comercial. Cobre refinado con baja intensidad de carbono, litio procesado con energía renovable, celulosa con cadenas forestales certificadas. Todo eso, más datos de respaldo, empieza a tener valor diferencial bajo un régimen de carbono en frontera.

La reciente COP30 en Belém fue un escenario en el que avanzó notoriamente la integración de la agenda de comercio y clima, tal como en 2015 empezó la integración entre clima y finanzas: cuando Mark Carney advirtió sobre la «tragedia del horizonte», pocos imaginaron que el reporte climático-financiero sería obligatorio en menos de una década. La convergencia entre clima y comercio sigue la misma trayectoria, pero más rápido. El CBAM europeo pasó de propuesta a ley en tres años. Para 2030, probablemente habrá cinco mecanismos similares operativos o más.

Quienes se anticipen van a encontrar oportunidades donde otros verán sólo costos. El horizonte se acortó, y las empresas que lo lean bien van a notarlo primero en el estado de resultados.

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Equipo Prensa
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