En el extremo sur del continente, donde el viento moldea el paisaje y la
naturaleza marca el ritmo, la Patagonia chilena está dando paso a un
nuevo modelo turístico. Operadores locales, hoteles y estancias
familiares están promoviendo una forma de viajar que va más allá de
observar: busca restaurar, educar y devolver.
En uno de los lugares más remotos y prístinos del planeta, comienza a
consolidarse el turismo regenerativo, un enfoque que no solo reduce el
impacto, sino que contribuye activamente a la conservación y al
bienestar de las comunidades locales.
Lejos de la lógica extractiva que históricamente ha acompañado a la
industria turística, diversos actores en la región de Magallanes están
impulsando experiencias donde el visitante no solo observa, sino que
comprende, respeta y se transforma. Desde las aguas del Estrecho de
Magallanes, la empresa Solo Expediciones ha desarrollado una propuesta
que combina exploración con responsabilidad ambiental. Su enfoque apunta
a una operación cuidadosa, especialmente en ecosistemas sensibles y aún
intactos.
“En Solo Expediciones entendemos que operar en uno de los territorios
más prístinos del planeta implica una responsabilidad mayor”, explica
Juan Pablo Solo de Zaldívar, gerente de operaciones de Solo
Expediciones. “Cada decisión operativa busca minimizar la perturbación
del entorno, asegurando que nuestras expediciones no alteren los
ecosistemas que visitamos”.
Cada experiencia va más allá de la contemplación. La empresa ha
incorporado una fuerte dimensión educativa en cada recorrido. “No solo
mostramos el territorio, sino que lo interpretamos”, agrega Solo de
Zaldívar. “La experiencia es de observación y educación, lo que ayuda a
generar conciencia sobre estos ecosistemas”.
Iniciativas como Lodge Almirantazgo en Tierra del Fuego, buscan
profundizar la conexión del visitante con el entorno, incorporando el
vínculo con los pueblos originarios, transformando el viaje en una
experiencia significativa, donde la belleza del paisaje se complemente
con comprensión histórica, cultural y ecológica.
Lo cotidiano como acto regenerativo
En tierra firme, el concepto de turismo regenerativo adquiere una
dimensión más íntima. Por ejemplo, en la Estancia Río de los Ciervos en
Punta Arenas, la sostenibilidad no se presenta como un discurso, sino
como una práctica cotidiana profundamente arraigada en el territorio.
“Para nosotros el turismo regenerativo se vive en lo cotidiano”, afirma
Alejandra Solo de Zaldívar, gerente hotelera de Estancia Río de los
Ciervos. “Trabajamos directamente con personas de la zona, nos
abastecemos de producción local y mantenemos un vínculo real con el
entorno”.
Ese vínculo se expresa tanto en la economía como en la cultura. La
estancia impulsa circuitos culturales que rescatan la historia de los
pioneros y el desarrollo de Magallanes, permitiendo a los visitantes
comprender el territorio desde su dimensión humana. “No es un relato
construido, sino una historia auténtica que permite a quienes nos
visitan, conectarse realmente con el lugar”, explica.
La gastronomía, por su parte, se convierte en otro vehículo de
identidad. Basada en productos locales como el cordero, la centolla, el
guanaco o el calafate, cada plato busca reflejar el entorno del que
proviene. “Es una cocina que respeta el origen del producto y pone en
valor lo local”, añade Alejandra Solo de Zaldívar.
Del residuo al recurso
En el corazón del Parque Nacional Torres del Paine, uno de los destinos
más emblemáticos de Chile, el desafío de la sostenibilidad adquiere una
escala mayor. Allí, el Hotel del Paine ha desarrollado un modelo de
gastronomía circular que busca cerrar el ciclo de los alimentos.
“Estamos siempre ocupados en darle un ciclo integrado al uso de
alimentos”, explica Sebastián Benítez, asesor en jefe de alimentos y
bebidas del Hotel del Paine. “Trabajamos con huertos e invernaderos,
diseñamos menús según la disponibilidad de productos, y utilizamos
compost para devolver nutrientes a la tierra”.
El sistema no solo reduce residuos, sino que fortalece la producción
local. “Un gran porcentaje de nuestros proveedores son locales,
especialmente en proteínas como cordero y vacuno, provenientes de libre
pastoreo y prácticas responsables”, señala Benítez.
Además, el modelo incorpora a los propios huéspedes, quienes son
invitados a conocer los procesos detrás de lo que consumen. “Es parte de
nuestra política hacer una introducción completa a cada visitante sobre
el uso del agua, el cultivo de vegetales y el uso de envases
compostables”, agrega. Incluso, los turistas pueden recorrer los
invernaderos, observando de primera fuente cómo se producen los
alimentos en condiciones extremas, cerrando así el círculo entre
territorio, consumo y conciencia.
El auge del turismo regenerativo en la Patagonia austral responde
también a una tendencia global: la necesidad de replantear la relación
entre turismo y naturaleza. Frente a la crisis climática y la pérdida de
biodiversidad, la industria enfrenta el desafío de evolucionar hacia
modelos que no solo mitiguen impactos, sino que contribuyan activamente
a la restauración.
























