- Durante años, cuando se hablaba de infraestructura urbana, la conversación giraba en torno al cemento, el acero y la expansión. Hoy, ese paradigma quedó atrás. Las ciudades ya no solo crecen hacia arriba o hacia los lados: evolucionan hacia adentro, impulsadas por datos, conectividad y decisiones inteligentes. En ese escenario, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en un componente estructural del desarrollo urbano.
Actualmente, cerca del 60% de la población mundial vive en zonas urbanas, mientras que en Chile la cifra alcanza a 9 de cada 10 personas, según Corporación Ciudades. Esta tendencia no solo refleja concentración, sino también presión sobre la infraestructura, los servicios y la calidad de vida. Por lo mismo, la discusión ya no pasa únicamente por construir más, sino por gestionar mejor.
En esa línea, los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) refuerzan el diagnóstico: más del 87% de la población vive en zonas urbanas, posicionando al país entre los más urbanizados de América Latina. Este escenario exige soluciones para la movilidad vertical, para que puedan ser más eficiente lo que ya existe, incorporando la tecnología como eje habilitador.
No es coincidencia, entonces, que en los últimos años se hayan impulsado iniciativas orientadas a acelerar la adopción de inteligencia artificial en sectores clave como el transporte vertical, la energía y la infraestructura urbana.
Existe un desafío crítico: la energía. Los edificios representan una parte significativa del consumo energético del país. Aquí, la inteligencia artificial abre una oportunidad concreta para optimizar recursos, reducir costos y avanzar hacia ciudades más sostenibles.
Sin embargo, el verdadero salto no está solo en la eficiencia, sino en la integración. La ciudad del futuro no funcionará como un conjunto de soluciones aisladas, sino como un ecosistema interconectado, donde el transporte vertical, los edificios y los servicios dialoguen en tiempo real para mejorar la experiencia de las comunidades.
Este avance también trae desafíos: el acceso a los datos, la transparencia en su uso y la participación ciudadana serán factores clave para asegurar que esta transformación tecnológica sea también una transformación social, inclusiva y equitativa.
En este contexto, la movilidad dentro de los edificios —muchas veces invisible, pero fundamental— cobra un nuevo protagonismo. Desde Schindler, a través de nuestras soluciones de Servicios Digitales, integramos monitoreo remoto, conectividad y análisis de datos para gestionar en tiempo real el funcionamiento de los equipos. Esto permite anticipar fallas mediante algoritmos predictivos, optimizar el flujo de personas en horas de alta demanda y reducir tiempos de espera, mejorando de forma concreta la experiencia de los usuarios y la eficiencia operacional de los edificios.
La inteligencia artificial no reemplaza la infraestructura: la redefine. Por ello, existe una oportunidad concreta de transformar la movilidad vertical en una experiencia más eficiente, sostenible y, sobre todo, humana.























