Autor : Columnista en Rodaje
Históricamente, la clase media en Chile ha sido el motor del país, pero hoy se encuentra bajo un asedio sin precedentes. No se trata de una percepción subjetiva; son los datos y las políticas públicas los que están asfixiando a un sector profesional que, por definición, es demasiado «rico» para recibir ayuda estatal y demasiado «pobre» para ser inmune a las crisis.
El Impacto en el Bolsillo
En primer lugar, el costo de la vida ha encontrado en los combustibles un disparador crítico. La subida de las bencinas en Chile se ha posicionado como una de las más altas a nivel mundial, un golpe seco al presupuesto mensual. Para una familia de clase media, el vehículo no es un lujo, sino una herramienta de trabajo y movilidad esencial. Este incremento no solo afecta el transporte, sino que genera un efecto dominó en el precio de los alimentos y servicios básicos, reduciendo drásticamente el poder adquisitivo.
La Irrupción de la Tesorería en la Educación
Sin embargo, el factor más alarmante y que ha crispado el ambiente social es la gestión del Crédito con Aval del Estado (CAE). Hemos pasado de un debate sobre la condonación a una ejecución de cobros que muchos califican como matonesca.
Lo más grave es la intervención de la Tesorería General de la República (TGR). La labor fundamental de la TGR es la recaudación de impuestos para el erario nacional, no actuar como una agencia de cobranza de deudas estudiantiles. Al involucrar a este organismo, el Estado utiliza su músculo más potente para perseguir a profesionales que, en muchos casos, aún no logran estabilidad laboral.
Un Sistema de Desigualdades
El escenario actual revela una brecha de vulnerabilidad evidente:
Clase Baja: No tienen bienes que embargar, lo que irónicamente los «protege» de la presión judicial.
Clase Alta: Tienen la solvencia para pagar o amortiguar los costos sin que su estilo de vida se vea comprometido.
Clase Media Profesional: Es el blanco perfecto. Poseen un patrimonio mínimo —fruto de años de esfuerzo— que hoy se ve amenazado por embargos y presiones legales.
El Negocio del Conflicto
Finalmente, este ambiente solo beneficia a un sector: el de los litigios. Estamos viendo cómo se genera un negocio para ciertos bufetes de abogados que terminan cobrando honorarios elevados simplemente por dar consejos básicos ante la desesperación del deudor. Es un ecosistema de amenazas que no busca solucionar el problema del financiamiento educativo, sino extraer recursos de donde ya no quedan.
Chile no puede seguir dándole la espalda a su clase media profesional. Entre el precio de la bencina y la persecución de la TGR, se está destruyendo la estabilidad de quienes sostienen la economía, dejando un clima de desprotección que tarde o temprano pasará la cuenta.
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