Los costos que dejamos de comparar
avier Arriola, Brand Director de ComparaOnline

Javier Arriola, Brand Director de ComparaOnline.

El alza histórica de los combustibles de las últimas semanas instaló una conversación nacional sobre el bolsillo. Economistas, gremios y autoridades llevan un mes calculando cuánto más costará llenar el estanque, cuánto subirá el pan, en qué porcentaje se moverá la inflación de abril. La discusión es necesaria. Pero está incompleta.

Cuando la bencina y el diésel suben de forma abrupta, como ahora, el consumidor chileno tiende a reaccionar recortando lo visible: salidas, delivery, entretenimiento, una suscripción, un gasto discrecional. Es una reacción emocional correcta pero financieramente limitada. Porque los costos que realmente están drenando el presupuesto no son los que uno ve todos los días en la boleta del supermercado. Son los que uno dejó de mirar hace años: el seguro automotriz mal cotizado, el SOAP comprado sin comparar, la cuenta corriente cuyas comisiones nadie revisa, el plan de telefonía contratado en otra etapa de la vida, el seguro complementario de salud que se renueva en automático.

Este episodio obliga a algo que los chilenos hemos postergado: comparar los costos que ya estamos asumiendo.

Los datos muestran la magnitud del problema. Según el Informe de Endeudamiento 2025 de la Comisión para el Mercado Financiero, 204 mil personas en Chile -el 14,1% de los deudores- destinan más de la mitad de su ingreso al pago de deudas. Ese es el punto ciego del presupuesto familiar: no lo que se gasta, sino lo que se sigue pagando, mes a mes, en seguros, planes y servicios contratados hace años, sin volver a preguntarse nunca más si hay una alternativa mejor.

La diferencia entre la mejor y la peor cotización de un seguro automotriz para un mismo perfil puede superar el 40%. En el SOAP de cada marzo, en los seguros complementarios de salud, en los planes de telefonía e internet, en las comisiones de cuentas corrientes, la dispersión de precios es estructural. No es un secreto del sistema: es información pública y disponible que los consumidores simplemente no procesamos porque revisar cada categoría toma tiempo y porque culturalmente hemos tratado estos gastos como fijos. Y no lo son.

El alza de los combustibles, más allá de su impacto inmediato, obliga a mirar el presupuesto completo. Y cuando uno lo mira con detención, descubre que el ahorro más grande disponible para la mayoría de los hogares chilenos no está en apretarse el cinturón. Está en recotizar y renegociar los seguros, planes y servicios que alguna vez se contrataron y después quedaron en piloto automático.

La coyuntura actual, entonces, no es solo un problema de inflación energética. Es una oportunidad para instalar una cultura distinta de relación con los costos. Los países con consumidores más informados no son los que tienen mejores tasas de interés o primas más bajas; son los que comparan más seguido. En Reino Unido, en Australia, en España, revisar la póliza cada año es un hábito tan establecido como declarar impuestos. En Chile, ese hábito todavía está en construcción.

El alza abrupta del combustible no tiene una lectura positiva. La UF seguirá presionada, la inflación tardará en ceder y el escenario económico se mantendrá estrecho por varios meses. Pero si algo útil puede dejar este episodio, es que el consumidor chileno empiece a informarse mejor antes de contratar, renovar o mantener un servicio.

Más que recortar, se trata de comparar para decidir con toda la información posible. Esa, y no el ajuste del gasto, es la verdadera defensa del presupuesto familiar en tiempos difíciles.

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Equipo Prensa
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