Manuel Reyes, académico Facultad de Ingeniería, Universidad Andrés Bello UNAB
Manuel Reyes, académico Facultad de Ingeniería, Universidad Andrés Bello UNAB

Manuel Reyes – Académico Facultad de Ingeniería UNAB

Argentina ya no solo «promete» minería; la está forzando. El Distrito Vicuña en San Juan es el epicentro, con el proyecto minero Josemaría a la cabeza. Este gigante proyecta 130.000 toneladas anuales de cobre, una escala idéntica a Caserones en Atacama. Pero hay una verdad incómoda: está a solo 100 km de Copiapó y a 1.200 km de Rosario. Exportar concentrados por el Atlántico hacia China —su cliente natural— es un suicidio logístico: cuesta entre 2 y 3 veces más que salir por Chile. Sin los puertos de la Región de Atacama o Coquimbo, el cobre argentino corre el riesgo de quedarse bajo tierra por falta de competitividad.

Además, Argentina enfrenta un desfase crítico. Mientras universidades como la UNSJ registran récords de 310 matriculados en minas la tasa de egreso es ínfima: apenas 20 ingenieros anuales. La gratuidad genera una masividad que no se traduce en profesionales listos para la obra.

Para empresas y profesionales chilenos, la oportunidad es absoluta pero burocrática. Las mineras argentinas necesitan hoy la ingeniería, la logística y los servicios que Chile ya domina. La oportunidad no está solo en cruzar la cordillera, sino en convertir al norte chileno en el hub exportador del mineral transandino.

Argentina y Chile deben dejar de competir por inversión y crear un «Estatuto de Puerto Libre Binacional». Si Chile garantiza la salida soberana del mineral argentino por el Pacífico y Argentina asegura el flujo de servicios chilenos, la cordillera dejará de ser una frontera para convertirse en la mayor zona de suministro de cobre del planeta, dictando los precios que China hoy impone.

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