- «Los grandes ciclos de inversión del pasado ofrecen paralelismos ilustrativos»
- «Atrajeron mucho capital y no lograron justificarlo con sus rendimientos»
- Todas esas burbujas generaron recesiones de alcance generalizado
Uno de los debates económicos más reñidos de estos tiempos es si el boom de la inteligencia artificial (IA) es una burbuja o un ciclo de inversión respaldado por beneficios presentes y unas sólidas expectativas futuras. Aunque las diferencias con pasadas burbujas existen y son sólidas (muchas empresas de IA cosechan beneficios crecientes), los paralelismos también son abundantes y alarmantes. El Banco Internacional de Pagos (BiS por sus siglas en inglés), la institución que supo ver la llegada de la crisis financiera de 2007, se sitúa entre esos organismos que parecen estar más cerca de la opinión de que la IA está viviendo una burbuja. Esto no quiere decir que la IA no vaya a transformar el mundo a medio y largo plazo, sino que en el corto plazo se está generando una avalancha de inversión que en un primer momento podría tener unos retornos insuficientes para justificarla. En su informe anual publicado este fin de semana, aseguran que el derroche de dinero de las grandes tecnológicas en IA corre el riesgo de desembocar en una prolongada crisis de inversión que podría sacudir los mercados financieros y perjudicar la economía global durante mucho tiempo.
Las grandes firmas tecnológicas están quemando la caja de años (miles de millones de beneficios que tenían ‘aparcados’ en bonos y otros productos) para intentar llegar en primera posición a la meta de la carrera de la IA. Es probable que este boom de inversión en centros de datos e investigación ayude a llegar a un desenlace o punto en el que la IA genere importantes retornos y mejoras, pero, como ocurrió con la burbuja de las punto.com, los primeros en llegar podrían no ser los que terminen aprovechando los retornos de la IA. Es decir, los primeros en llegar a meta quizá no sean los ganadores en términos económicos. Esto generaría una especie de hueco o desequilibrio entre los que invierten hoy y los beneficios que cosecharán en el futuro, generando una dura transición que puede incluir recesiones y correcciones de los mercados.
«El actual auge de la inversión en inteligencia artificial plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la expansión económica. Se prevé que los cinco mayores hiperescaladores inviertan más de un billón de dólares en gasto de capital relacionado con la inteligencia artificial entre 2025 y 2026. Estos compromisos de inversión están creciendo más deprisa que los beneficios y el flujo de caja libre de estas empresas, lo que ha llevado a algunas de ellas a emitir deuda para obtener financiación adicional», avisa el informe del BiS. Varias de estas firmas han pasado de acumular montañas de liquidez a pedir prestado para invertir más, generando una enorme demanda de crédito e impulsando los tipos de interés hacia arriba.
Esta institución con sede en Basilea y considerada como el banco de los bancos centrales, puesto que su gran misión es asesorar a los bancos centrales del mundo y velar por la estabilidad financiera global, explica que unos rendimientos inferiores a los esperados en el sector tecnológico podrían llevar a los inversores a reducir drásticamente la financiación de las empresas de IA, cuando las previsiones del mercado hablan de que las cinco mayores empresas tecnológicas invertirán más de un billón de dólares entre 2025 y finales de 2026.
El informe destaca que, además, la carrera inversora podría estar impulsada, en parte, por la percepción de que solo un reducido número de compañías con la tecnología más avanzada terminarán dominando todo el mercado. El FOMO (fear of missing out) estaría desencadenando una inversión histórica por no perderse la revolución, que corre el riesgo de estar más basada en un sentimiento o miedo (a quedarse atrás) que en los fundamentales del mercado o en unas expectativas realistas. «La intensa competencia aumenta el riesgo de que las empresas comprometan recursos en exceso en proyectos de inversión cuyos rendimientos siguen siendo inciertos, dejando a todas ellas expuestas a posibles decepciones respecto al potencial económico de la inteligencia artificial», aseguran los economistas del BiS.
Un colapso de la inversión
¿Qué pasa si esa inversión de cientos de miles de millones de dólares no tiene el retorno esperado? Los mercados podrían sufrir una corrección intensa y la economía sería víctima del ‘efecto riqueza’, que azotaría a la actividad con mayor intensidad que en otros episodios porque hoy hay muchos más inversores minoristas. Tener acciones se ha vuelto algo relativamente habitual entre los estadounidenses, pero también cada vez más entre los europeos, por lo que un giro de las bolsas puede lastrar el consumo y la inversión de buena parte de la economía, generando una espiral de pesimismo difícil de romper. El BiS cree que la inversión podría colapsar y mantenerse en niveles muy bajos por mucho tiempo.
«La decepción en los rendimientos podría desencadenar una repentina retirada de la financiación y convertir el auge del gasto de capital en un prolongado colapso o crisis de inversión, con posibles repercusiones en las condiciones financieras», señala el BiS en su informe económico anual publicado el domingo, donde enumera los riesgos de la actual exuberancia de la IA.
Paralelismos con otras burbujas
Esto ya ha sucedido en el pasado en varias ocasiones con nefasto resultado. «Los grandes ciclos de inversión del pasado ofrecen paralelismos muy ilustrativos. La fiebre de los canales en la década de 1830, la burbuja ferroviaria británica de los años 1840, la electrificación de comienzos del siglo XX, la exuberancia de los años veinte y la burbuja de las puntocom de finales de los noventa compartieron un rasgo común: todos ellos surgieron a partir de auténticas revoluciones tecnológicas que atrajeron mucho más capital del que posteriormente pudieron justificar sus rendimientos comerciales», advierte el BiS.
Todos esos episodios terminaron con un giro brusco del ciclo inversor que acabó provocando recesiones de alcance generalizado y extendido. La magnitud y la velocidad del actual auge inversor en inteligencia artificial, acompañado de enormes expectativas sobre futuras ganancias de productividad, guarda importantes similitudes con esos precedentes históricos y pone de relieve la existencia de riesgos significativos a la baja, según explica el BiS.
Esta advertencia surge en medio de la creciente preocupación por la magnitud de la emisión de acciones y deuda que impulsa la revolución de la IA y la turbulencia que esto está generando en los mercados globales. Los grupos tecnológicos han irrumpido en el mercado crediticio global, recaudando cientos de miles de millones de dólares para financiar proyectos de IA, aprovechando los diferenciales de crédito corporativo, que se encuentran cerca de su nivel más bajo en lo que va del siglo. El mercado podría estar surfeando la cresta de la ola en este momento.
Fuente: eleconomista.es





































