Carolina Erices – Académica Escuela de Ciencias de la Tierra UNAB
Carolina Erices – Académica Escuela de Ciencias de la Tierra UNAB
La economía circular se consolida como marco analítico para el cobre ante el deterioro estructural de la curva de oferta primaria. Cochilco proyecta 5,27 millones de toneladas para Chile en 2026, un 2,6% menos que el año previo, pese a que el metal cotizó en agosto en un máximo histórico —US$ 6,59 la libra en Londres—. La divergencia entre precio spot y volumen físico es atribuible no a la demanda, sino a una contracción de oferta de origen geológico: la ley promedio cayó de 1,13% (2002) a 0,62% (actual), un 45% en dos décadas, elevando el ratio estéril/mineral por unidad de fino, el CAPEX de reposición y el consumo energético unitario, consistente con rendimientos marginales decrecientes sobre un yacimiento maduro.
Frente a esta trayectoria, la producción secundaria —cobre por refundición de chatarra— exhibe una función de costos distinta. Según el International Copper Study Group, el refinado secundario representa ~19% del refinado mundial y crece a tasa superior a la del primario, restringido por la escasez de concentrados. El análisis de ciclo de vida evidencia una brecha de intensidad energética de un orden de magnitud entre ambas rutas —1,5 a 8 kg CO₂e/kg primario frente a 0,3-0,5 kg CO₂e/kg secundario—, ventaja que ninguna mejora incremental en la ruta primaria logra revertir.
Para Chile, el vector relevante de circularidad no es el reciclaje de chatarra postconsumo —segmento con barreras de logística y stock urbano, sin ventaja comparativa nacional—, sino el reprocesamiento de relaves como costo hundido ya amortizado. El país acumula más de 13.000 millones de toneladas de relaves dispuestos; al haber internalizado el CAPEX de extracción y molienda —la etapa de mayor intensidad de capital de la cadena—, su reprocesamiento se evalúa por costo marginal de recuperación, no por costo total de un proyecto greenfield. Minera Valle Central, a maquila sobre relaves de El Teniente (1939-1977, ley 0,25%), sostiene ~30.000 t/año sin CAPEX de desarrollo minero.
El benchmark internacional dimensiona la brecha de captura de valor: la minería secundaria representa ~25% de la producción en China y ~20% en Sudáfrica, frente a menos de 1% en Chile, brecha atribuible no a dotación de recursos sino a fricciones institucionales —caracterización geoquímica insuficiente, marco regulatorio incipiente y riesgo geotécnico sísmico— que la Agenda de Relaves 2025-2026 recién comienza a internalizar.
Hoy el reciclaje y producción primaria no constituyen, para Chile, opciones excluyentes en la asignación de capital: el país carece de ventaja comparativa en el mercado global de chatarra, pero dispone de un activo de bajo costo de oportunidad —sus relaves— cuya explotación exige menor intensidad de capital y energía que abrir yacimientos nuevos a la ley vigente. La competitividad de largo plazo del sector se resuelve en la capacidad institucional de internalizar ese valor.
de toneladas para Chile en 2026, un 2,6% menos que el año previo, pese a que el metal cotizó en agosto en un máximo histórico —US$ 6,59 la libra en Londres—. La divergencia entre precio spot y volumen físico es atribuible no a la demanda, sino a una contracción de oferta de origen geológico: la ley promedio cayó de 1,13% (2002) a 0,62% (actual), un 45% en dos décadas, elevando el ratio estéril/mineral por unidad de fino, el CAPEX de reposición y el consumo energético unitario, consistente con rendimientos marginales decrecientes sobre un yacimiento maduro.
Frente a esta trayectoria, la producción secundaria —cobre por refundición de chatarra— exhibe una función de costos distinta. Según el International Copper Study Group, el refinado secundario representa ~19% del refinado mundial y crece a tasa superior a la del primario, restringido por la escasez de concentrados. El análisis de ciclo de vida evidencia una brecha de intensidad energética de un orden de magnitud entre ambas rutas —1,5 a 8 kg CO₂e/kg primario frente a 0,3-0,5 kg CO₂e/kg secundario—, ventaja que ninguna mejora incremental en la ruta primaria logra revertir.
Para Chile, el vector relevante de circularidad no es el reciclaje de chatarra postconsumo —segmento con barreras de logística y stock urbano, sin ventaja comparativa nacional—, sino el reprocesamiento de relaves como costo hundido ya amortizado. El país acumula más de 13.000 millones de toneladas de relaves dispuestos; al haber internalizado el CAPEX de extracción y molienda —la etapa de mayor intensidad de capital de la cadena—, su reprocesamiento se evalúa por costo marginal de recuperación, no por costo total de un proyecto greenfield. Minera Valle Central, a maquila sobre relaves de El Teniente (1939-1977, ley 0,25%), sostiene ~30.000 t/año sin CAPEX de desarrollo minero.
El benchmark internacional dimensiona la brecha de captura de valor: la minería secundaria representa ~25% de la producción en China y ~20% en Sudáfrica, frente a menos de 1% en Chile, brecha atribuible no a dotación de recursos sino a fricciones institucionales —caracterización geoquímica insuficiente, marco regulatorio incipiente y riesgo geotécnico sísmico— que la Agenda de Relaves 2025-2026 recién comienza a internalizar.
Hoy el reciclaje y producción primaria no constituyen, para Chile, opciones excluyentes en la asignación de capital: el país carece de ventaja comparativa en el mercado global de chatarra, pero dispone de un activo de bajo costo de oportunidad —sus relaves— cuya explotación exige menor intensidad de capital y energía que abrir yacimientos nuevos a la ley vigente. La competitividad de largo plazo del sector se resuelve en la capacidad institucional de internalizar ese valor.





































