Rubén Darío Basay Roberts | Director de Radio Romance
Rubén Darío Basay Roberts | Director de Radio Romance

La radio AM enfrenta una crisis que ya no puede explicarse simplemente por la disminución de las audiencias. El problema de fondo es tecnológico, económico y regulatorio.

Sin caminos claros para evolucionar, muchas emisoras corren el riesgo de desaparecer. Escribo sobre las estaciones de Chile, pero esta reflexión resonará en cualquier lugar del mundo donde se utilice la radio AM.

Durante décadas, la radio AM fue una de las plataformas de comunicación más importantes de Chile. Informó a las comunidades durante los terremotos, acompañó a los auditores durante la noche, transmitió deportes, noticias, música y conversaciones, y llegó a lugares a los que otros medios no podían acceder.

Hoy, sin embargo, las emisoras AM compiten en un ecosistema radicalmente distinto, con una tecnología que ha perdido buena parte de su atractivo comercial y, en muchos lugares, de su comodidad para el oyente.

¿Qué debe hacer una emisora AM para sobrevivir? La respuesta parece evidente: migrar.

Migrar no significa necesariamente abandonar la radio ni borrar su historia. Significa permitir que los radiodifusores prueben nuevas tecnologías, exploren otras bandas, se integren eficazmente con plataformas digitales y encuentren modelos sostenibles que preserven su función.

La alternativa es mucho más dura: desaparecer.

Chile debería abordar este asunto como un problema de política de comunicaciones y no simplemente como una sucesión de dificultades aisladas que afectan a determinadas emisoras. Cuando un radiodifusor enfrenta dificultades económicas, pierde acceso a una planta transmisora o se ve obligado a suspender temporalmente sus operaciones, la política pública debería, al menos, preguntarse qué herramientas existen para ayudar a un operador legítimo a adaptarse.

Hoy, Radio Romance está fuera del aire en su señal terrestre. Mantenemos únicamente una presencia digital mínima, mediante una transmisión básica de música, para que Radio Romance no desaparezca por completo.

Pero esa transmisión no reemplaza a la radio que construimos, ni nuestro sitio web actual refleja toda la realidad de lo que fue Radio Romance y de lo que queremos reconstruir.

Para un radiodifusor, el silencio en el dial es extraordinariamente doloroso.

Radio Romance tiene historia, identidad, audiencia, miles de horas de contenido y, sobre todo, la determinación de continuar. Lo que hoy no tenemos es un puente tecnológico que nos permita pasar de un modelo AM cada vez más difícil de sostener hacia un futuro viable para la radiodifusión.

Otras tecnologías de comunicación han atravesado transiciones planificadas. La televisión pasó de lo analógico a lo digital. Las redes de telecomunicaciones evolucionaron. La tecnología móvil cambió una y otra vez. Frente a la obsolescencia tecnológica, la respuesta rara vez ha sido simplemente dejar desaparecer a los operadores.

La radio merece la misma conversación.

Chile ha conocido experiencias de transmisión experimental que involucran a operadores AM y la parte baja de la banda FM. Si esas experiencias existen, es razonable preguntar qué criterios regulan el acceso, cómo puede postular otro radiodifusor y qué mecanismo permite a una emisora AM tradicional presentar un proyecto serio de transición tecnológica.

No se trata de regalar frecuencias.

Tampoco de eliminar los requisitos técnicos ni de desconocer la función legítima del Estado en la administración de un espectro escaso.

Se trata de algo más básico: que las reglas sean conocidas y que los radiodifusores tengan la oportunidad de ser evaluados conforme a ellas.

Hemos solicitado al regulador la posibilidad de presentar y evaluar alternativas experimentales que podrían ofrecer una vía tecnológica diferente.

Nuestra experiencia va más allá del futuro de una sola emisora.

Refleja la situación de una industria que necesita respuestas.

Un radiodifusor AM no debería tener que elegir únicamente entre permanecer indefinidamente en una plataforma cada vez más difícil de financiar o desaparecer.

Debería existir una tercera opción: evolucionar.

La radiodifusión, además, tiene una característica que resulta fácil pasar por alto cuando se la observa solo a través de indicadores financieros: cuando desaparece un medio de comunicación, también desaparece una voz. Una empresa puede cerrar, pero cuando esa empresa es un medio, se cierra también una ventana editorial, cultural y social.

Por eso, el futuro de la AM también es una cuestión de pluralismo de medios. No necesitamos conservar tecnologías artificialmente por nostalgia. La nostalgia no es política pública. Pero el cambio tecnológico no debería eliminar medios que todavía tienen experiencia, audiencias, contenidos y voluntad de continuar, simplemente porque nadie construyó un puente hacia el siguiente entorno tecnológico.

Ese puente merece una discusión seria.

La dimensión humana

Además, la desaparición de la radio AM tiene una dimensión humana que difícilmente puede medirse en cifras.

Durante décadas, cada emisora estuvo rodeada de todo un ecosistema de técnicos, operadores, ingenieros, radiodifusores, periodistas, productores y colaboradores que hicieron posible que una voz humana viajara cientos de kilómetros.

Muchos dedicaron treinta o cuarenta años de su vida a este oficio. Hoy, cuando una emisora AM deja de operar, no solo pierden un empleo. Descubren que los conocimientos y la experiencia acumulados durante toda una vida encuentran cada vez menos espacios donde aprovecharse. Detrás de cada transmisor que se silencia hay profesionales, colaboradores y familias que enfrentan la desaparición paulatina del mundo laboral al que pertenecieron.

Al otro lado del receptor ocurre algo igual de doloroso.

Miles de adultos y personas mayores crecieron con estas emisoras. Durante décadas las escucharon en sus hogares, automóviles, talleres y en el campo. Para ellos, la radio nunca fue solo un medio de comunicación. Fue compañía, rutina, cercanía y memoria.

Decir que esas audiencias simplemente pueden trasladarse a internet no resuelve el problema. Muchas personas mayores no están familiarizadas con las aplicaciones y plataformas digitales; otras, aun sabiendo utilizarlas, no encuentran las voces y los programas que formaron parte de sus vidas.

Hay también una imagen profundamente simbólica: enormes antenas e instalaciones transmisoras inmóviles en medio de los campos. Lugares que antes estaban llenos de técnicos trabajando, transmisores operando día y noche y señales recorriendo vastos territorios hoy se van quedando en silencio, muchas veces sin una posibilidad realista de volver a utilizarse.

Es el final gradual de todo un ecosistema: personas, profesiones, oficios, auditores, recuerdos, antenas y transmisores.

Cuando una radio AM deja de transmitir, el silencio no se limita al dial. También permanece entre quienes dedicaron su vida a hacer posible esa radio y entre quienes pasaron toda una vida acompañados por ella.

¿Qué viene ahora?

La solución podría involucrar tecnologías experimentales, nuevas formas de organizar el espectro, radiodifusión digital, radio híbrida y distribución por internet, junto con mecanismos regulatorios que permitan a los operadores existentes presentar proyectos de transición creíbles.

El primer paso importante es reconocer el problema.

Para gran parte de la radio AM, el tiempo ya no se mide en décadas.

Quizás se mida en años y, para algunos operadores, incluso en meses. La pregunta que Chile debería hacerse es sencilla: ¿queremos administrar la desaparición de la radio AM o administrar su transformación?

Quienes hemos dedicado nuestra vida a la radiodifusión no estamos pidiendo privilegios.

No estamos pidiendo que nadie nos regale una frecuencia. Estamos pidiendo la oportunidad de transformarnos. Porque cuando la tecnología cambia, en definitiva existen dos caminos: migrar o morir.

NOTA DE PUBLICACIÓN

Traducción al español del artículo de autoría de Rubén Darío Basay Roberts publicado originalmente en Radio World el 12 de octubre de 2026, bajo el título “AM Broadcasters in Chile Face a Dilemma”.

https://www.radioworld.com/columns-and-views/guest-commentaries/am-broadcasters-in-chile-face-a-dilemma

Autor: Rubén Darío Basay Roberts | Director de Radio Romance | Santiago, Chile