Investigadores utilizan cámaras de seguridad para reconstruir y comprobar el terremoto de Venezuela

Grupo de investigación EASER · Santiago y Concepción, Chile · Octubre de 2026

El 24 de junio de 2026, un terremoto superficial de magnitud 7,5 rompió las fallas de San Sebastián y Boconó, en la costa norte de Venezuela. La ruptura pasó prácticamente bajo los pies de los habitantes del estado La Guaira. En segundos, cerca de 1300 edificaciones colapsaron en el estado la Guaira y más de 26290 edificaciones resultaron dañadas en todo el país, según datos preliminares de la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Infraestructura de Venezuela. Este fue uno de los terremotos más violentos en décadas en una zona densamente poblada. Sin embargo, ningún instrumento sísmico registró cuánto se movió el suelo en los lugares más afectados.

Ante la falta de registros sísmicos convencionales, el grupo de investigación EASER (Evolution Assessment of Seismic Risk), proyecto Anillo financiado por ANID que estudia la evolución del riesgo sísmico de nuestras ciudades, decidió usar dos cámaras de seguridad comunes, instaladas en un local comercial de Caraballeda, las que grababan en dirección a la calle mientras ocurría el terremoto. En el video se ven dos objetos cotidianos: un delineador plástico de tránsito, que se deslizó sobre el pavimento, y un poste de alumbrado de 11 metros, que se balanceó de un lado a otro

Ninguno de los dos es un instrumento de medición, pero se conoce la física de su respuesta esperada ante un movimiento del suelo. Los investigadores siguieron cuadro a cuadro el movimiento de cada objeto y luego hicieron ingeniería inversa para calcular qué movimiento del suelo tuvo que ocurrir para que el delineador se deslizara y el poste se balanceara exactamente como se ve en las imágenes. Para que el cálculo fuera confiable, el equipo viajó al lugar, midió los objetos y la geometría del sitio, y realizó pruebas que determinaron cuánto roce hay entre la base del delineador y el pavimento.

Una de las claves de este estudio está en que ambos objetos reaccionan de manera muy distinta al mismo movimiento del suelo: uno desliza y el otro vibra. Otra clave de la metodología es que el movimiento del suelo se calculó usando solo el delineador de tránsito, el que luego se comprobó con el poste. Que el resultado explique de manera independiente la respuesta de ambos objetos da una gran confianza en la estimación.

Reconstruir un terremoto a partir de un video es posible, pero hacerlo bien exige medir en terreno las propiedades de los objetos y comprobar el resultado. Este equipo midió la fricción del delineador en el lugar, contrastó el trabajo de cuatro analistas que de forma independiente rastrearon el movimiento del delineador a partir de los videos; y verificó el resultado con el poste de luz. Así, este trabajo entrega la primera reconstrucción de este tipo respaldada por una verificación independiente y, por lo tanto, puede utilizarse como una estimación del movimiento en terreno.

Lo que encontraron

El suelo de Caraballeda recibió un “empujón” o “pulso” extraordinariamente fuerte, de menos de un segundo de duración, orientado principalmente en la dirección norte–sur. La velocidad máxima del suelo llegó a unos 202 centímetros por segundo. Para poner este valor en contexto, en la base de datos internacional NGA-West2, solo dos registros del terremoto de Chi‑Chi (Taiwán, 1999) superan este valor. Además, la velocidad estimada en Caraballeda es también mayor que el registro más intenso del terremoto de Kobe (Japón, 1995) y que cualquier registro obtenido durante los terremotos de Turquía en 2023.

La intensidad del movimiento también supera lo que predicen los modelos de estimación de intensidades que usan los ingenieros en diversos lugares del mundo. Además, es, en promedio, casi el doble de lo que considera la norma sísmica venezolana para un terremoto extremo, específicamente en el rango de los periodos de vibración de los edificios de mediana y gran altura de la zona.

Las mismas cámaras captaron el instante en que ocho edificios comenzaron a colapsar a la vez, justo al terminar el pulso del terreno. Es la primera vez que un movimiento del suelo reconstruido desde videos no solo se comprueba con un segundo objeto independiente, el que responde al movimiento con una física completamente distinta, sino que, además, coincide con el colapso simultáneo de varios edificios.

El estudio fue liderado desde la Universidad de Chile y contó con la participación de la Universidad de Concepción (Chile), la Universidad de Stanford (Estados Unidos) y City St George’s, University of London (Reino Unido). Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista científica The Seismic Record, de la Sociedad Sismológica de Estados Unidos (SSA

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