Aluvión en Concepción: ¿por qué cedió la ladera en Juan Riquelme?

Una ladera sin vegetación, mucha agua en poco tiempo y una pendiente pronunciada pueden transformar rápidamente un cerro en una zona de riesgo. Esa combinación estuvo presente durante la mañana de este jueves en el sector Juan Riquelme, ubicado a un costado de la autopista que conecta Concepción y Cabrero, donde un aluvión provocó el colapso y desprendimiento completo de una ladera por avenida Los Álamos.

El fenómeno se produjo en medio de intensas precipitaciones y una tormenta eléctrica que afectaron la zona. El agua y el barro descendieron hasta la principal vía de la villa, generando preocupación entre los residentes del sector.

La Dra. María Teresa Bull, académica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explicó que una de las principales condiciones de riesgo está dada por la geografía de Concepción y por el estado de las laderas.

“Concepción está rodeado principalmente de cerros, y muchos de ellos fueron afectados por los incendios forestales de febrero. Al quedar sin una capa vegetal que los proteja, una gran cantidad de agua caída en poco tiempo puede favorecer el desplazamiento del material y producir remociones en masa”, señaló.

¿Por qué aumenta el riesgo en una ladera sin vegetación?

La pérdida de cobertura vegetal reduce la protección natural del terreno y facilita que el agua escurra por la superficie en lugar de infiltrarse de manera progresiva.

Según la académica, el principal problema de los últimos episodios de lluvia ha sido precisamente su intensidad. “Ha caído mucha cantidad de agua en poco tiempo, por lo tanto no existe un periodo suficiente que permita que esta permee hacia el interior de la tierra. Si además no hay capas vegetales, el sistema se vuelve mucho más complejo”, explicó.

En el caso de Juan Riquelme, el sector se encuentra junto a un cerro afectado por incendios forestales durante este año y en temporadas anteriores, condición que puede favorecer la movilización de tierra y barro durante episodios de precipitaciones intensas.

La inclinación del terreno también juega un papel importante. Bull explicó que las pendientes sin cobertura o los taludes mal diseñados, especialmente cuando presentan ángulos pronunciados, facilitan el desprendimiento del material.

“Los terrenos, principalmente las pendientes que no tienen ninguna cubierta o algún talud que esté mal diseñado con un ángulo muy grande, hacen posible que se desprenda mucho más fácilmente esta tierra y que se produzca el aluvión”, indicó la Dra. María Teresa Bull.

A esto se suma la necesidad de mantener despejadas las vías por donde puede escurrir el agua. “Despejar los canales y, en algunos sectores, canalizar el agua permite desplazarla hacia lugares que no sean tan peligrosos. Si sigue existiendo material acumulado y continúa lloviendo, ese material puede seguir desprendiéndose y desplazándose por las calles hasta llegar a las viviendas”, advirtió.

¿Cómo reducir el riesgo?

Para la académica de la UCSC, uno de los principales desafíos de la Región está en anticiparse a este tipo de eventos. “Lo que nos falta más es preparación que respuesta. Hay que prepararse desde la limpieza de canaletas cuando comienza el invierno y también considerar los efectos que dejan los incendios forestales en los lugares donde habitamos”, sostuvo.

La Dra. Bull agregó que esta situación adquiere especial relevancia en sectores donde las áreas residenciales conviven estrechamente con zonas rurales y plantaciones forestales. “Tenemos que preocuparnos más de la prevención que de la respuesta”, concluyó.

El evento ocurrido en Juan Riquelme vuelve a poner atención sobre sectores donde coinciden laderas pronunciadas, pérdida de cobertura vegetal y precipitaciones intensas, condiciones que pueden aumentar la posibilidad de remociones en masa cuando el agua se acumula en poco tiempo.

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Equipo Prensa
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