La falsa seguridad del Fondo F
Jorge Sabat

Jorge Sabat – Profesor del Instituto de Políticas Económicas FEN UNAB

Imagine que está ahorrando para viajar a Europa dentro de diez años. Puede guardar su dinero en pesos o comprar euros. La segunda alternativa parece más riesgosa porque su valor en pesos cambia todos los días. Incluso podría asustarse si sus ahorros pierden un 20% de valor medidos en pesos. Sin embargo, el costo del viaje sigue siendo el mismo en euros. Lo que parece una pérdida no necesariamente afecta su capacidad de financiarlo. El riesgo depende de para qué necesitamos el dinero.

Las instituciones responsables de financiar pensiones conocen bien este principio. Tanto los sistemas de reparto como las compañías de seguros que venden rentas vitalicias deben preocuparse por su capacidad de pagar pensiones durante décadas. Aunque sus mecanismos de financiamiento son diferentes, ambas enfrentan obligaciones de largo plazo. Cuando estas se respaldan con inversiones, importa que los plazos, monedas y flujos de los activos sean compatibles con los pagos comprometidos. En 1952, el actuario británico Frank Redington formalizó esta idea, conocida como inmunización financiera.

En Chile tenemos otra innovación que ayuda a evitar confusiones similares que es la UF. Si una inversión gana 8% mientras los precios suben 10%, no nos hemos enriquecido. Por el contrario, hemos perdido poder adquisitivo. Expresar nuestros ahorros en UF permite distinguir rentabilidades nominales de reales y reducir la llamada ilusión monetaria.

La ilusión monetaria es un fenómeno ampliamente documentado en economía. Las personas en teoría nunca evaluarían sus ingresos, ahorros y pérdidas en términos nominales, sin descontar adecuadamente la inflación. Por ejemplo, sería imposible encontrar gente más satisfechas recibiendo un aumento salarial de 5% cuando la inflación alcanza 8%, que manteniendo su sueldo constante en una economía sin inflación. Aunque en el primer caso su poder adquisitivo disminuye y en el segundo permanece intacto, el aumento nominal genera una percepción equivocada de bienestar. La UF ayuda a corregir este problema al facilitar que pensemos directamente en términos de poder adquisitivo. Sin embargo, la evidencia también muestra que disponer de información sobre la inflación no elimina necesariamente estos sesgos.

En esta misma línea, existe otra ilusión que es la de creer que una inversión es segura porque su precio fluctúa poco. Una persona que invierte en acciones para financiar su jubilación dentro de veinte años debería comprender que las caídas bursátiles son parte del riesgo que asume a cambio de una mayor rentabilidad esperada. Aunque una caída puede representar una pérdida económica real, no necesariamente justifica abandonar una estrategia de largo plazo. De hecho, vender después de una caída puede transformar una fluctuación transitoria en una pérdida definitiva, aunque tampoco existe garantía de recuperación.

La educación financiera importa precisamente porque ayuda a distinguir las fluctuaciones de corto plazo de los riesgos que realmente amenazan nuestros objetivos. La economía conductual ha documentado cómo la aversión a las pérdidas y nuestra tendencia a evaluar las inversiones aisladamente pueden llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Una persona puede asustarse al ver caer sus ahorros en pesos, aunque estos mantengan intacta su capacidad de financiar un gasto futuro en otra moneda. Algo similar ocurre cuando evaluamos nuestros ahorros previsionales sin considerar la pensión que podrán financiar.

Esto es relevante para la propuesta de crear un Fondo F, concentrado en instrumentos de corto plazo, como refugio para los ahorros previsionales. Puede reducir las fluctuaciones del saldo, pero no necesariamente proteger la pensión futura. Para alguien que se jubilará dentro de veinte años, las tasas de interés de largo plazo importan tanto como la rentabilidad de sus inversiones. Si esas tasas disminuyen, el ahorro necesario para financiar una misma pensión aumenta. Una cartera de instrumentos de largo plazo puede ofrecer protección frente a ese riesgo, aunque su valor fluctúe más durante el camino.

La reforma previsional acierta al avanzar hacia fondos generacionales. No podemos exigir que todos los trabajadores comprendan conceptos financieros complejos ni esperar que reaccionen correctamente frente a las caídas del mercado. Una estrategia automática, que ajuste las inversiones según el horizonte de jubilación, puede evitar decisiones impulsivas que terminen perjudicando sus pensiones. También permite evaluar el riesgo considerando el plazo durante el cual se necesitarán los recursos.

Pero simplificar las decisiones no debería significar eliminar toda posibilidad de elegir. Quienes comprenden los riesgos y están dispuestos a asumirlos deberían conservar cierto espacio para decidir cómo invertir sus ahorros, sin trasladar los costos de sus decisiones a otros. Las personas tienen distintos patrimonios, ingresos y preferencias, por lo que una misma estrategia difícilmente será óptima para todos. El objetivo del sistema previsional es permitirnos financiar una buena pensión durante toda la jubilación. Con el aumento de la longevidad, ese objetivo requiere pensar en horizontes cada vez más largos. Confundir estabilidad de corto plazo con seguridad financiera puede terminar ofreciendo una falsa seguridad, y una protección insuficiente de las pensiones que esperábamos defender.