En un contexto donde la crisis hídrica se ha convertido en uno de los mayores desafíos nacionales, la innovación en tecnologías de tratamiento de agua juega un papel cada vez más determinante. Con la mirada puesta en el Congreso ACADES 2026, especialistas y empresas del sector comienzan a destacar avances que podrían marcar la próxima década en materia de eficiencia y sostenibilidad. Entre ellos, los desarrollos impulsados por NanoH2O, marca líder mundial en membranas de ósmosis inversa, están captando la atención por su potencial para transformar la desalación en un proceso más accesible y energéticamente responsable.
Álvaro Lagartos, Senior Technical Marketing Manager de LG Water Solutions, explica que el salto tecnológico más relevante de los últimos años proviene de la tecnología de película delgada nanocompuesta (TFN, por sus siglas en inglés), aplicada en las membranas de NanoH2O. Esta innovación permite alcanzar rechazos de sales inéditos en la industria, “gracias a la tecnología TFN, hoy se pueden utilizar soluciones con menor requerimiento energético sin comprometer la calidad del agua producida”, destaca el especialista, subrayando que estas mejoras tienen un impacto directo en los costos operativos de las plantas desaladoras.
Además de aumentar la eficiencia energética, la combinación de nuevos materiales y un diseño optimizado de componentes internos ha permitido enfrentar de mejor manera uno de los problemas crónicos de la desalación: el ensuciamiento de las membranas. Lagartos explica que los avances en la química de los materiales y en la ingeniería de los espaciadores de alimentación permiten reducir la pérdida de carga, mejorar la hidráulica interna y disminuir la frecuencia de limpiezas químicas. Esto, en la práctica, prolonga la vida útil de los equipos y reduce gastos asociados tanto a la operación como al mantenimiento. Según el especialista, estas innovaciones son fundamentales para hacer que la desalación sea “una solución viable para más industrias y comunidades”, especialmente en lugares donde los costos energéticos han sido un obstáculo histórico.
A nivel global, Lagartos observa una tendencia clara hacia el desarrollo de membranas más robustas y con mayor resistencia química. Esta orientación responde a la necesidad de minimizar tiempos de detención y pérdidas de eficiencia durante la operación de las plantas. “Se pierde mucho tiempo y energía en el proceso de tratamiento de agua; por eso la industria está enfocada en minimizar esos costos ocultos”, afirma. La robustez se ha convertido en un atributo clave no solo para reducir los costos, sino también para dar mayor confiabilidad a los sistemas en contextos donde el agua de alimentación presenta altos niveles de complejidad.
El caso de Chile es particularmente relevante en este escenario. Con una combinación única de estrés hídrico, actividad minera intensiva y más de 4.000 kilómetros de costa, el país tiene tanto la necesidad como las condiciones ideales para incorporar y poner a prueba nuevas tecnologías de desalación. Para Lagartos, esta condición abre una puerta estratégica: “Chile puede convertirse en un gran laboratorio de pruebas para la industria del agua. Su situación hídrica y su geografía permiten impulsar tecnologías que optimizan energía y enfrentan aguas de alto potencial de ensuciamiento”. En un contexto donde la seguridad hídrica es una prioridad nacional, la desalación aparece no solo como una alternativa tecnológica, sino como una pieza estructural de la planificación territorial y productiva.
El desafío, sin embargo, no es únicamente tecnológico, por lo que Lagartos afirma que “el futuro hídrico de Chile dependerá tanto de la innovación como de la capacidad de integrar estas tecnologías en políticas públicas que faciliten su adopción, y en ese sentido, el Congreso ACADES 2026 se perfila como una instancia clave para reunir a la industria, la academia, los reguladores y las comunidades en torno a un objetivo común: avanzar hacia un modelo hídrico más sustentable, eficiente y resiliente”.























