Chile, un país que aún aprende a protegerse
Yasmery Morales, Representante de Fundación MAPFRE en Chile
  • Cada día, miles de personas en Chile salen a trabajar, manejan, abren sus negocios o simplemente cuidan su hogar. En un país donde la naturaleza y la vida urbana conviven con riesgos constantes —desde terremotos hasta incendios, inundaciones o accidentes viales—, tener un seguro no es un lujo, sino una forma de responsabilidad compartida. Protegerse es también proteger a los demás.

Hablar de seguros es hablar de educación financiera, pero sobre todo de previsión y conciencia. Un seguro no elimina los riesgos, pero transforma una eventualidad incierta en una planificación concreta. Comprender cómo funcionan las pólizas —sus coberturas, exclusiones y deducibles— permite tomar decisiones informadas y evitar impactos económicos graves ante lo inesperado.

El desafío está en acercar este conocimiento al ciudadano común, que muchas veces puede asociar el seguro solo con un gasto, y no con una herramienta de protección social.

Según un estudio de Fundación MAPFRE*, un 47,8 % de los encuestados en Chile reconoció haber circulado por encima del límite de velocidad en zonas urbanas o autopistas, una cifra superior al promedio latinoamericano (42,6%). Este dato no solo evidencia un problema de conducción imprudente, sino también una debilidad cultural frente al riesgo y la prevención. La seguridad vial y la educación aseguradora comparten la misma raíz: anticipar para cuidar.

Tener una póliza es anticiparse. Es comprender que un imprevisto puede desestabilizar a una familia o una pyme entera. Los seguros generales no se limitan a los automóviles: también protegen hogares, condominios, edificios, negocios y construcciones, ayudando a reducir la carga económica de los desastres sobre las familias y el Estado.

Basta mirar atrás para dimensionar su impacto. Tras el terremoto y maremoto de 2010, el sector asegurador permitió reconstruir miles de viviendas, pagando más de 7.000 millones de dólares en indemnizaciones. En contraste, durante los incendios de Viña del Mar en 2024, menos del 10 % de las viviendas afectadas contaba con un seguro vigente**. La diferencia entre quienes se recuperaron y quienes lo perdieron todo fue, literalmente, estar asegurados.

El cuidado no es tarea exclusiva del Estado: es un compromiso de toda la sociedad. Contar con seguros es una forma concreta de asumir esa responsabilidad. Detrás de cada póliza existe una lógica solidaria, donde muchos aportan pequeñas primas para que los recursos estén disponibles cuando alguien sufre una pérdida. Es el principio básico de la convivencia: si todos participamos, todos estamos más protegidos.

Asegurarnos no es solo proteger lo que tenemos, sino cuidar a quienes nos rodean. Esa es la verdadera educación financiera: entender que la responsabilidad individual construye comunidades más seguras, resilientes y conscientes de su entorno. Un país seguro es un país que se anticipa ante los riesgos.

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