- Cada vez más CEO, empresarios y emprendedores en Chile buscan comprender los mecanismos invisibles que determinan la efectividad de sus equipos. Pablo Fuenzalida, experto en transformación humana y docente de la Universidad Adolfo Ibáñez, sostiene que el liderazgo consciente con enfoque sistémico —basado en autoconocimiento aplicado, neurociencia y comprensión de cómo funcionan las dinámicas humanas en los equipos— se está convirtiendo en una herramienta estratégica para dirigir organizaciones más confiables, coherentes, humanas y con grandes resultados económicos.
¿Puede un líder con foco en resultados aprender a ser empático, y uno emocional desarrollar visión estratégica? Sí, y está ocurriendo. Cada vez más CEO, fundadores y altos ejecutivos en Chile buscan entrenar su capacidad de integrar ambos mundos. Según el estudio Visión Humana & IST 2025, solo el 34% de los trabajadores está satisfecho con el liderazgo que recibe, y lo que más valoran no son las habilidades técnicas, sino el trato digno (51%) y la honestidad (40%). En la misma línea, datos de Buk (2025) muestran que el 66% de los empleados prefiere líderes que demuestren preocupación genuina por el equipo antes que destreza operativa.
Para Pablo Fuenzalida, experto en transformación humana, docente de la Universidad Adolfo Ibáñez y director de Dinámicas Humanas y DhumanLab, esta tendencia marca un cambio estructural, sin retorno. “Las organizaciones están comprendiendo que el liderazgo técnico con un enfoque centrado únicamente en resultados económicos, ya no es suficiente. El autoconocimiento —entendido como la capacidad de comprender, percibir y regular el propio impacto— se ha vuelto una competencia esencial. No es autoayuda: es ciencia del comportamiento humano aplicada a la gestión.”
Con más de 23 años acompañando procesos de transformación individual y organizacional, Fuenzalida propone un liderazgo consciente y sistémico: una manera de dirigir que combina el pensamiento estratégico, la inteligencia emocional y la visión sistémica. “Liderar conscientemente es comprender que cada acción, palabra o silencio afecta al sistema completo. Un líder no opera solo: es parte de una red donde todo influye en todo.”
Este enfoque —que une visión racional y sensibilidad humana— se alinea con la evidencia. Un estudio de la Universidad de Chile mostró que el liderazgo transformacional incrementa la confianza, el compromiso y el desempeño entre trabajadores jóvenes. En paralelo, Gallup y Catalyst, referenciados en Chile por Pluxee (2025), revelan que los equipos con líderes empáticos presentan 61% menos probabilidades de burnout y son hasta cuatro veces más leales a la organización.
Pero ¿cómo se aprende a equilibrar ambas dimensiones? Según el experto , la empatía se entrena en espacios cotidianos: “El líder racional puede empezar por algo tan simple como preguntar genuinamente cómo está su equipo, no qué hizo. Escuchar sin corregir, observar sin evaluar y generar microespacios de conexión antes de hablar de tareas cambia la energía de la relación.” También recomienda ejercicios de pausa y respiración consciente, o abrir reuniones con un breve “check-in emocional” que permita detectar el estado real del grupo. Esto es aplicar neurociencia a la gestión organizacional.
En cambio, quienes tienden a liderar desde lo emocional pueden fortalecer su lado racional poniéndose metas claras, preparando indicadores y tomando decisiones basadas en hechos más que en percepciones. “La emocionalidad sin foco se dispersa; la racionalidad sin empatía se enfría. El equilibrio no se logra solamente pensando distinto, sino actuando distinto”, explica.
Sin embargo, el desafío sigue abierto. El Índice de Felicidad Organizacional de Pluxee Chile 2025 señala que solo el 49% de los trabajadores recomendaría su empresa como un buen lugar para trabajar, siendo reconocimiento, propósito y crecimiento las áreas más débiles. “Cuando un líder no se conoce, gestiona síntomas y no causas. Su impacto se vuelve impredecible. Y lo peor cree que el problema son “los otros”. En cambio, cuando adquiere conciencia y transforma sus conductas de liderazgo, aumenta su influencia positiva , su equipo gana claridad, confianza y sentido”, explica Pablo Fuenzalida.
Con formación en neurociencia aplicada y psicología transpersonal, y con experiencias y aprendizajes junto a Joe Dispenza y Bruce Lipton, Pablo Fuenzalida combina ciencia, cuerpo y emoción y ha acompañado procesos de cambio en organizaciones como o Codelco, Enel, Minera Centinela, Easy y Clínica Alemana, entre muchas otras. “Hoy los líderes más influyentes —desde grandes corporaciones hasta startups— buscan entender lo invisible: cómo su estado interno condiciona el desempeño colectivo. Ese es el liderazgo que viene.”
Y concluye: “El liderazgo consciente no es un discurso blando ni una moda. Es una práctica que une autoconocimiento, estrategia y coherencia. Liderar sin esa conciencia es como navegar sin brújula: hay movimiento, pero no dirección.”














































