En un escenario marcado por el estrés hídrico, el aumento de los costos energéticos y mayores exigencias regulatorias, el desafío para las industrias ya no es solo contar con acceso al agua, sino asegurar que ésta llegue a los procesos donde es indispensable. La minería, la generación eléctrica y las industrias de proceso dependen a diario de sistemas que permiten mover, controlar y reutilizar grandes volúmenes de agua, muchas veces de forma invisible, pero absolutamente crítica.
Cuando estos sistemas fallan, el impacto es inmediato: detenciones operacionales, pérdidas económicas, riesgos ambientales y afectación reputacional. Por eso, la infraestructura que mueve el agua se ha transformado en un factor estratégico para la continuidad del negocio y la competitividad de sectores clave para el país.
Según explica Mauricio Salinas, gerente General de ITT Chile, hoy el foco está en cómo se gestiona el recurso a lo largo de toda la operación. “La disponibilidad y el uso eficiente del agua se han convertido en un factor estratégico. El desafío ya no es solo acceder al recurso, sino moverlo, controlarlo y reutilizarlo con máxima confiabilidad y eficiencia energética”, señala. Contar con sistemas robustos permite reducir riesgos operacionales, asegurar el cumplimiento normativo y responder a un contexto donde el agua es cada vez más escasa y costosa.
En ese camino, la tecnología ha jugado un rol decisivo. La evolución desde una gestión reactiva hacia una gestión inteligente y predictiva del agua ha permitido mejorar la eficiencia operativa. Equipos de alta eficiencia hidráulica, materiales avanzados y soluciones de monitoreo en tiempo real reducen pérdidas, optimizan el consumo energético y extienden la vida útil de los activos.
Desde la experiencia de ITT, estas soluciones ya se aplican en sectores como utilities, energía, alimentos, celulosa y procesos industriales, tanto en Chile como a nivel global. “Los resultados se traducen en mejoras concretas en confiabilidad, eficiencia y costos totales de operación”, destaca Salinas.
La sostenibilidad se vuelve una variable operativa medible. En el día a día de una planta, significa mover más agua con menos energía, reducir fugas, minimizar detenciones no planificadas y maximizar la reutilización del recurso. Aunque muchas veces no son visibles para las personas, estos sistemas cumplen un rol fundamental. “Se les puede llamar la infraestructura silenciosa del desarrollo. Sistemas de bombeo, válvulas y control operan 24/7 asegurando abastecimiento, saneamiento y continuidad productiva. Sin ellos, no hay crecimiento económico, seguridad hídrica ni resiliencia frente al cambio climático”, asegura Salinas.
Mirando hacia los próximos años, la confiabilidad tecnológica será un factor decisivo para el desarrollo industrial del país, en un escenario de mayor estrés hídrico, crecimiento urbano y exigencias regulatorias crecientes. Este será precisamente uno de los ejes de conversación que se abordarán en el Congreso ACADES 2026, el principal encuentro del país en torno a la seguridad hídrica, la desalación y el reúso de aguas residuales.

























