- En el contexto del Congreso ACADES 2026, José Fernández, especialista en eficiencia de sistemas de agua industrial y captaciones marinas de Taprogge Americ, advierte que el diseño y operación de los sistemas de captación de agua de mar puede determinar la eficiencia energética y la continuidad operacional de plantas desalinizadoras e industrias intensivas en uso de agua.
El crecimiento de los proyectos de desalación y el desarrollo de nueva infraestructura hídrica para sectores como la minería, la energía y la industria ha puesto mayor atención en la eficiencia de los sistemas que captan y conducen grandes volúmenes de agua de mar. En este escenario, la operación de los sistemas de captación se ha vuelto un factor clave para asegurar la continuidad de los procesos y evitar mayores costos energéticos y de mantenimiento.
En este tipo de instalaciones, la captación es el punto donde el entorno natural se conecta con la infraestructura industrial. Desde allí, el agua de mar ingresa a la planta para ser transportada, tratada y utilizada en distintos procesos. Por eso, su desempeño no solo influye en la entrada de agua, sino también en el funcionamiento general de equipos y sistemas ubicados aguas abajo.
De acuerdo con José Fernández, especialista en eficiencia de sistemas de agua industrial y captaciones marinas de Taprogge America Corp., cuando un sistema de captación mantiene un flujo estable y limpio, toda la instalación puede operar más cerca de sus condiciones de diseño. “La captación es el punto donde el entorno natural se conecta con la infraestructura industrial. Cuando el sistema mantiene un flujo estable y limpio, toda la cadena aguas abajo puede operar cerca de sus condiciones de diseño”, explica.
¿Qué perjudica su eficiencia?
Uno de los principales desafíos en estas instalaciones es la presencia de sedimentos, materia orgánica y organismos marinos que ingresan junto al agua. Cuando estos elementos se acumulan en tuberías, filtros o equipos, pueden disminuir la eficiencia de la operación y elevar el consumo energético. Dentro de esos fenómenos está el biofouling, término que se utiliza para describir la acumulación de microorganismos, algas o pequeños organismos sobre superficies en contacto con el agua, afectando el rendimiento de los sistemas.
Según el especialista, este tipo de problemas puede extenderse a lo largo de la instalación y afectar componentes críticos como los intercambiadores de calor, equipos que permiten transferir temperatura entre distintos fluidos y que son esenciales en múltiples procesos industriales. Si estas superficies pierden eficiencia por suciedad o incrustaciones, la planta necesita más energía para operar y requiere mantenciones más frecuentes.
Para enfrentar estos desafíos, la industria ha desarrollado soluciones orientadas a mantener los sistemas en condiciones cercanas a su diseño original. Entre ellas destacan los sistemas de limpieza continua de intercambiadores de calor, que permiten remover depósitos durante la operación y así mantener una transferencia térmica más eficiente. “Esto se traduce en una operación más estable, menor consumo energético y una menor frecuencia de paradas de mantenimiento”, señala Fernández.
Estas tecnologías se utilizan en instalaciones que dependen de grandes volúmenes de agua, como centrales eléctricas, refinerías, plantas desalinizadoras e industrias con sistemas de refrigeración. Pero, además de la captación y el enfriamiento, el sector también está avanzando en otras soluciones orientadas a mejorar la eficiencia hídrica y reducir descargas.
Entre ellas está la separación sólido-líquido, un proceso que permite separar partículas sólidas suspendidas en el agua para facilitar su tratamiento, reutilización o disposición final. Este tipo de tecnología es especialmente relevante en operaciones industriales donde el agua arrastra sedimentos, residuos o material particulado que, si no se remueve, puede afectar equipos y procesos posteriores.
También destacan los sistemas Zero Liquid Discharge, conocidos como ZLD por su sigla en inglés, que buscan reducir al mínimo o incluso eliminar las descargas líquidas residuales. En la práctica, esto implica tratar y recuperar la mayor cantidad posible de agua dentro del propio proceso industrial, dejando solo residuos concentrados para su gestión final. De esta manera, se avanza hacia una operación más eficiente en el uso del recurso hídrico y con menor impacto ambiental.
“Muchas industrias están adoptando un enfoque progresivo: primero optimizar el uso del agua existente y luego integrar soluciones de reutilización o recuperación”, agrega Fernández. En esa línea, la experiencia internacional muestra que el desempeño y la confiabilidad de estas instalaciones se define en gran medida desde la etapa de diseño, considerando factores como la estabilidad hidráulica de la captación, el control del biofouling y la eficiencia energética desde el inicio del proyecto.
Estos temas forman parte del debate técnico que hoy acompaña el desarrollo de nuevos proyectos de desalación y que también está presente en la discusión que impulsa el Congreso ACADES 2026 sobre seguridad hídrica en Chile.























