El Global Tech Report 2026 de KPMG advierte sobre una brecha creciente entre ambición y resultados en IA. En Chile, factores estructurales podrían profundizar ese desfase si no se acelera la toma de decisiones estratégicas.
Santiago, febrero 2026.- La inteligencia artificial se ha instalado como una prioridad transversal en las agendas corporativas. A nivel global, el 50% de las organizaciones espera alcanzar un nivel avanzado de madurez tecnológica en 2026. Sin embargo, solo un 11% lo ha logrado hasta hoy, evidenciando una brecha significativa entre ambición y ejecución. Esa es una de las principales conclusiones del Global Tech Report 2026 elaborado por KPMG consultando a 2.500 gerentes de tecnología de 27 países.
En Chile, este desfase podría ser aún mayor. La combinación de ciclos presupuestarios rígidos, decisiones conservadoras y una mayor aversión al riesgo tecnológico limita la velocidad de adopción. A esto se suma un factor crítico donde el 69% de los ejecutivos a nivel global reconoce haber sacrificado escalabilidad, seguridad o estandarización para avanzar más rápido, una realidad especialmente visible en sectores clave del país como banca y seguros, utilities, energía, salud y sector público.
El informe también muestra que, aunque el retorno promedio de las inversiones tecnológicas es de 2 veces la inversión, las organizaciones de alto desempeño alcanzan hasta 4,5 veces su inversión. En Chile, donde los directorios son particularmente exigentes en términos financieros y la inversión tecnológica compite directamente con CAPEX tradicional, la dificultad de demostrar ROI se ha convertido en uno de los principales factores de bloqueo para escalar iniciativas de IA.
Pese a este escenario, el país cuenta con una oportunidad relevante. El 88% de las organizaciones globales ya está invirtiendo en agentic AI, y Chile podría “saltar etapas” gracias a su menor escala organizacional, alta adopción de servicios cloud y concentración de talento profesional. Utilizar IA para automatizar procesos intensivos en conocimiento, escalar servicios y reducir el time-to-market sin aumentar estructuras aparece como una ventaja competitiva concreta.
“El riesgo para Chile es que las organizaciones se conformen con mejoras incrementales derivadas de sus Centros de Excelencia (CoE) a la par de que quienes legislan sigan los pasos de la Unión Europea, pudiendo trasladar excesiva rigidez, y aumentos del costo regulatorio en un contexto de rápida evolución tecnológica. La verdadera diferencia estará en quienes se atrevan a rediseñar procesos completos, demostrar impacto económico positivo y construir confianza desde la gobernanza”, señala Erick Palencia, socio de Consulting de KPMG Chile.
“Con un 53% de las organizaciones a nivel global reconociendo que no cuenta con el talento necesario, el desafío local será menos contratar y más reentrenar, crear roles híbridos y desarrollar capacidades para orquestar IA de forma responsable. En un entorno regulatorio más exigente y con alta sensibilidad reputacional, ejecutar bien —y no solo declarar intención— será el verdadero factor diferenciador para las organizaciones chilenas en los próximos años”, agrega.

























