La energía y el agua están profunda y fundamentalmente conectadas.
El agua es esencial para casi todos los aspectos de la producción de energía, desde la generación de electricidad hasta la extracción de combustibles fósiles y el cultivo de biocombustibles. De hecho, el sector energético representa aproximadamente el 10 % del consumo mundial total de agua dulce. Asimismo, la energía es crucial para mantener el suministro mundial de agua. Se necesita para extraer agua de lagos, ríos y océanos; bombear agua subterránea a través de tuberías y canales; y tratar el agua y distribuirla a los usuarios.

Esta interdependencia se intensificará en los próximos años. Cada recurso enfrenta una demanda creciente y limitaciones cada vez mayores en muchas regiones debido al crecimiento económico y demográfico, así como al cambio climático. Esto tiene implicaciones significativas para garantizar la seguridad energética e hídrica.

Se prevé que la demanda de energía para la desalinización del agua se duplique para 2030.
Casi toda la demanda mundial de agua se satisface con aguas subterráneas y superficiales. Sin embargo, la escasez de agua ha provocado un aumento en el uso de recursos no tradicionales, como el agua de mar. Esto requiere la desalinización, el proceso de separar el agua salina (agua de mar o agua salobre) en agua dulce y sal concentrada.

La demanda mundial de energía para la desalinización casi se ha duplicado desde 2010, y las tendencias actuales apuntan a que volverá a duplicarse para 2030. Actualmente operan unas 21.000 plantas desalinizadoras en aproximadamente 150 países, desde Estados Unidos y China hasta África subsahariana y el sudeste asiático, aunque la mitad de la capacidad instalada mundial se encuentra en Oriente Medio y el norte de África.

Las energías renovables pueden ayudar a aliviar el problema del agua en el sector energético.
En un escenario donde las emisiones del sector energético mundial alcancen el cero neto para 2050, la extracción de agua por parte de este sector disminuirá en casi 20 mil millones de metros cúbicos para 2030. Las mayores reducciones se producen en el sector eléctrico, donde la extracción cae cerca de un 15% a medida que la generación de energía a partir de carbón se reemplaza rápidamente por energía solar fotovoltaica y eólica. Una mayor eficiencia energética también desempeña un papel importante en la reducción del volumen de agua necesario para satisfacer la demanda energética mundial.

Fuente: iea

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