Carolina Pizarro, gerente de Sustentabilidad AB Chile.
Hace más de un año que el gremio de Alimentos y Bebidas, AB Chile, está trabajando a través del Acuerdo de Producción Limpia junto a la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos, impulsando un trabajo conjunto con sus empresas participantes para fortalecer la gestión de este desafío. En ese marco, UC Davis desarrolló una herramienta de cuantificación que aporta una metodología común para orientar las decisiones de mejora.
Este compromiso es relevante, ya que más de un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial se pierde o desperdicia, lo que representa más de US$1 billón en valor económico. Si a lo anterior le sumamos que entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están asociadas a estas pérdidas, el tema se torna realmente importante para una industria que está presente todos los días en la mesa de las familias chilenas.
Sabemos que cuando una empresa pierde una tonelada de producto, no se trata solamente de una cifra, porque detrás de ese número hay materias primas, energía, agua, horas de trabajo, transporte, almacenamiento y capacidad de producción. Por lo tanto, reducir la pérdida de alimentos es una política de sustentabilidad, pero también es una muy buena decisión de negocios.
UC Davis desarrolló una herramienta que permite a las empresas cuantificar sus pérdidas con una metodología común, identificar en qué etapa del proceso se generan y registrar cuál es su destino.
Su principal aporte es la estandarización. Busca que empresas muy distintas puedan hablar un mismo lenguaje y analizar sus pérdidas bajo criterios comunes de medición. La idea no es obligarlas a reemplazar sus sistemas actuales, sino aprovechar la información que ya poseen y transformarla en datos útiles para gestionar. Contar con esta información sistematizada permite identificar los puntos donde se concentran las pérdidas, priorizar acciones de prevención y evaluar sus resultados en el tiempo. Así, la cuantificación se convierte en una herramienta para mejorar procesos y aprovechar mejor los recursos.
Al realizar un trabajo en este sentido, todos ganan: se ahorra dinero, se reduce el impacto ambiental y se avanza hacia la mitigación de la inseguridad alimentaria. Por tanto, es una cuestión de gran importancia cuyos beneficios pueden medirse a múltiples escalas.
Es difícil comprender realmente un problema hasta que no medimos, de ahí la importancia de la cuantificación. El siguiente desafío es incorporar esta medición a la gestión cotidiana de las empresas y traducir sus resultados en acciones de prevención. Desde AB Chile, buscamos que el trabajo desarrollado en el marco del APL contribuya a sostener ese proceso y a evaluar sus avances.





































