Advierten sobre riesgos de contaminación en suelos y aguas una vez que baja la emergencia

José Manuel Bellalta, gerente general de Grupo GB CINCO, señala que el retiro de barro y escombros debe complementarse con una evaluación ambiental para identificar posibles contaminantes y definir medidas de recuperación.

Cuando las aguas bajan y comienzan las labores de limpieza tras un aluvión o temporal, algunos riesgos pueden permanecer fuera de la vista. El arrastre de residuos, aguas servidas y sustancias químicas puede afectar los suelos y las fuentes de agua, generando impactos que requieren atención más allá de la respuesta inmediata.

Así lo advierte José Manuel Bellalta, gerente general de Grupo GB CINCO, quien plantea que la recuperación de los territorios debe considerar la evaluación de posibles focos de contaminación, especialmente en sectores cercanos a actividades agrícolas, industriales o mineras.

“El retiro de barro y escombros es indispensable, pero no permite por sí solo determinar si un terreno o una fuente de agua están libres de contaminación. Es necesario identificar qué materiales arrastró el flujo, de dónde provienen y dónde se depositaron”, explica Bellalta.

Durante estos eventos, el agua y los sedimentos pueden movilizar contaminantes desde sus lugares de origen hacia otros sectores. En áreas agrícolas, la escorrentía puede transportar fertilizantes y plaguicidas hasta canales, ríos y embalses. El aporte excesivo de nutrientes puede favorecer procesos de eutrofización y deteriorar la calidad del agua.

En zonas urbanas, los desbordes de alcantarillado pueden dispersar aguas servidas y microorganismos patógenos. En entornos industriales o mineros, los riesgos dependen de las sustancias presentes y de eventuales daños en instalaciones de almacenamiento o contención, que podrían liberar hidrocarburos, metales u otros compuestos.

“No corresponde asumir que toda zona inundada está contaminada. Lo que se necesita es una evaluación técnica que permita confirmar o descartar esa condición, identificar los riesgos y priorizar las intervenciones”, precisa el ejecutivo.

Diagnosticar antes de intervenir

Bellalta señala que la evaluación debe considerar los antecedentes del lugar, las posibles fuentes de contaminación y el muestreo de suelos, sedimentos y aguas, según corresponda. Esta información permite determinar si existe exposición para las personas, los ecosistemas o las actividades productivas.

Cuando se confirma contaminación, las medidas de recuperación deben seleccionarse de acuerdo con las características del terreno y de las sustancias detectadas. Entre las alternativas se encuentran la extracción de vapores del suelo para determinados compuestos volátiles; la solidificación y estabilización para reducir la movilidad de ciertos contaminantes; y tratamientos como la ozonización o el bombeo y tratamiento de aguas subterráneas, cuando resulten técnicamente adecuados.

“La remediación requiere soluciones ajustadas a cada sitio. No existe una tecnología única que sirva para todos los casos: primero debemos conocer el problema y luego definir cómo contenerlo, tratarlo y verificar los resultados”, sostiene.

Para el gerente general de Grupo GB CINCO, incorporar esta dimensión ambiental en los planes de recuperación es fundamental para reducir impactos de largo plazo.

“La recuperación de un territorio no termina cuando se despejan las calles. También exige evaluar el estado de sus suelos y aguas, actuar donde sea necesario y mantener un seguimiento que permita comprobar que las medidas fueron efectivas”, concluye Bellalta.

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Equipo Prensa
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