Por Carlos Andrade, geólogo especialista en riesgos naturales, AFRY Chile.
Chile, Octubre de 2026. El aluvión ocurrido recientemente en la comuna de Las Condes demuestra que el impacto de un fenómeno natural no depende únicamente de la intensidad de las precipitaciones. También está condicionado por las características del territorio, la infraestructura que hemos construido sobre él y las transformaciones que experimentan las cuencas. Comprender esto es fundamental para anticipar riesgos y reducir la exposición de las personas, la infraestructura y propiedades públicas y privadas a futuros eventos.
Las imágenes de calles cubiertas de barro y sedimentos, vehículos arrastrados, viviendas afectadas y daños en clínicas, universidades y otras infraestructuras urbanas no deberían sorprendernos. Al revisar fotografías aéreas de un vuelo realizado en 1955, es posible identificar que el trazado actual de la calle Quebrada Honda coincide con una antigua vía aluvial asociada a las cuencas Quebrada Grande y El Romeral. Estos corredores no son trazados arbitrarios, sino que responden a procesos que han modelado el relieve durante miles de años. La urbanización puede cubrirlos o modificarlos, pero no elimina necesariamente su función como rutas potenciales de escorrentía y transporte de sedimentos. El relieve conserva la memoria de procesos que pueden volver a ocurrir.
Sin embargo, la historia del territorio no es el único factor que debemos considerar. Las condiciones de las cuencas también cambian con el tiempo, y fenómenos como los incendios pueden modificar significativamente su respuesta frente a las precipitaciones. En un informe de febrero de 2026, SERNAGEOMIN constató una marcada pérdida de cobertura vegetal producto del incendio ocurrido en quebrada Honda enero del mismo año, advirtiendo que esta condición incrementa la erosión, reduce la infiltración del agua lluvia y favorece el escurrimiento superficial. En este contexto, las condiciones de susceptibilidad ya estaban presentes en la cuenca, mientras que las precipitaciones actuaron como factor desencadenante de la movilización de sedimentos y la generación de flujos de detritos.
Cuando estos procesos alcanzan sectores urbanizados, sus consecuencias también dependen de cómo hemos diseñado y adaptado nuestra infraestructura. Por ello, resulta fundamental evaluar su capacidad de respuesta ante eventos extremos. Es necesario determinar si los sistemas de drenaje y los colectores consideran criterios de diseño adecuados, que contemplen no solo el caudal de agua, sino también el transporte de sedimentos, ramas y rocas. En un contexto de cambio climático, también debemos verificar que los estos criterios representan adecuadamente los escenarios futuros. Para ello, es fundamental integrar el conocimiento de la ingeniería con las características geológicas del territorio.
El desafío de anticiparse al riesgo aluvional en Las Condes
Lo ocurrido también pone de manifiesto la importancia de pasar del conocimiento de las amenazas a la implementación de medidas concretas de prevención. Las Condes identifica ocho quebradas con riesgo aluvional en su Plan Comunal de Reducción del Riesgo de Desastres. El desafío es traducir ese diagnóstico en decisiones concretas, evaluando las amenazas, revisando la capacidad de la infraestructura y anticipando escenarios que puedan poner en riesgo a la población. ¿Estamos prestando atención a todas las quebradas de la ciudad o concentrando los esfuerzos solo en aquellas donde el riesgo ya se ha materializado? Esta reflexión debe extenderse a todas las comunas que presentan condiciones de susceptibilidad similares.
La prevención comienza por reconocer que el territorio tiene una historia y una dinámica que la urbanización no puede borrar. Ignorarlas no elimina el riesgo; comprenderlas es la condición para construir ciudades más preparadas.
En AFRY contamos con un equipo de profesionales expertos en peligros geológicos, modelación de escenarios extremos, evaluación de infraestructura crítica y diseño de soluciones de mitigación y adaptación. Nuestro enfoque combina conocimiento del territorio, análisis de riesgos y soluciones de ingeniería para fortalecer la resiliencia de ciudades e infraestructuras frente a amenazas como aluviones, inundaciones, remociones en masa y otros fenómenos que se ven intensificados por el cambio climático.





































