Gestión hídrica y ambiental en Santiago de Chile

Advierten sobre la acumulación de lixiviados en la Región Metropolitana

Especialistas alertan sobre líquidos altamente agresivos generados por la descomposición de residuos que amenazan suelos y acuíferos en Santiago, al tiempo que plantean respaldar la adecuación tecnológica de las empresas operadoras

SANTIAGO DE CHILE — La acumulación de millones de litros de líquidos percolados o lixiviados en los rellenos sanitarios de la Región Metropolitana de Santiago representa una presión ambiental para los suelos y las reservas de agua subterránea de la cuenca central chilena. Generados por la liberación de humedad durante la descomposición de los residuos y el paso del agua de lluvia a través de la masa acumulada, estos efluentes arrastran elevadas concentraciones de materia orgánica, metales pesados, ácidos, sales y microorganismos. Al infiltrarse hacia formaciones permeables, tienen la capacidad de inutilizar acuíferos estratégicos durante décadas. Se trata de un problema presente en casi toda América Latina, pero el caso de Santiago es especialmente preocupante por tratarse de un territorio marcado por una severa estrechez hídrica estructural.

Para el Dr. Marcel Szanto Narea, profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y especialista con más de 45 años de trayectoria en el sector, el punto neurálgico radica en la vulnerabilidad operativa de las instalaciones. Szanto detalla que la eventual avería de maquinaria o desajustes en las labores de compactación disminuyen la densidad de la masa de basura, propiciando que los líquidos queden retenidos internamente. Cuando sobrevienen episodios de precipitaciones intensas, el depósito absorbe el agua pluvial hasta saturarse, lo que multiplica el volumen de lixiviados generados y eleva el riesgo de inestabilidad, deslizamientos o colapsos en los taludes.

En este sentido, el académico resalta que las compañías concesionarias despliegan continuas labores de contención, pero operan bajo márgenes tarifarios que dificultan absorber la magnitud y agresividad de estas corrientes. Con ingresos por tonelada recibida en vertedero que históricamente rondan entre 10 y 21 dólares, Szanto señala que resulta económicamente complejo sostener tecnologías de punta convencionales y reconoce que las empresas que operan en la Región Metropolitana lo han intentado con métodos diferentes, pero que aún persiste el reto de garantizar un tratamiento pleno conforme al balance hidrológico.

Señala que la limitación técnica y presupuestaria se refleja en la situación actual de los cuatro rellenos sanitarios en funcionamiento en la Región Metropolitana. Dos de estas plantas operan sin sistemas de tratamiento formal. Un tercer recinto dispone de una etapa biológica y físico-química, pero debe recurrir a la dilución mediante agua limpia para cumplir los parámetros normativos de sales. El cuarto complejo cuenta con abatimiento de sales, aunque genera un volumen de rechazo que alcanza entre el 40% y el 50%, permitiendo descargar tratado únicamente entre un 50% y un 60% del caudal total.

Como referencia positiva en la zona, el especialista distingue el caso del Relleno Sanitario Santiago Poniente, que articula evapotranspiración, pretratamiento y una conducción directa a través de un lixiviaducto —infraestructura única en Sudamérica— para descargar hacia la planta de tratamiento de aguas servidas El Trebal. No obstante, Szanto advierte que la seguridad hídrica exige «transparentar la cantidad de millones de litros almacenados o contenidos en la Región Metropolitana», priorizando balances hidrológicos con periodos de retorno de al menos 100 años para acortar progresivamente el pasivo acumulado en las balsas de regulación.

Para resolver esta encrucijada de las concesiones sin recurrir a diluciones, la ingeniería especializada propone acercar las soluciones al origen. Fernando Saroglia, Global Business Development Manager de Conseptec y miembro de la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua (ALADYR), coincide en la necesidad de un enfoque pragmático adaptado a la realidad del sector: «No hay soluciones universales para los lixiviados debido a que cada corriente varía según la edad del relleno y el régimen de lluvias, pero el tratamiento in situ mediante esquemas modulares ha dejado experiencias positivas muy sólidas para recuperar agua y reducir el residuo final sin disparar los costos operativos».

Saroglia añade que la integración de procesos de membrana con concentración térmica permite procesar los rechazos salinos y estabilizar el gasto operativo (OPEX) en las propias instalaciones. Este intercambio de experiencias técnicas y modelos de gestión para efluentes industriales y residuos urbanos será uno de los temas centrales del Congreso ALADYR Chile 2026, que reunirá a operadores, autoridades ambientales y tecnólogos los días 11 y 12 de noviembre en Santiago de Chile.

DESPIECE • EL CASO HAINAN: VERTIDO CERO Y 95% DE RECUPERACIÓN DE AGUA

En el proyecto del relleno sanitario de Ledong (provincia de Hainan, China), se implementó un sistema de vertido cero (ZLD) con capacidad para 160 m³/día que transformó un efluente de alto costo en recurso hídrico recuperable. El tren de tratamiento integró pretratamiento para remoción de coloides y dureza, membranas de ósmosis inversa de disco y tubo (DTRO) para tratar corrientes de alta carga y un módulo de evaporación y cristalización MVR para procesar el concentrado final.

Este esquema tecnológico permitió recuperar más del 95% del agua para su reutilización en el propio recinto, suprimió los riesgos y gastos del traslado en camiones cisterna y redujo el residuo final a una mínima fracción de sal seca estabilizada.

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Equipo Prensa
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