La inteligencia artificial puede apoyar el trabajo periodístico, pero el criterio editorial sigue siendo fundamental para contrastar información y decidir qué publicar. Esa fue la reflexión central del Taller para Prensa realizado por Softtek el 22 de octubre en Santiago. Durante la jornada, los asistentes escucharon a Sabrina Tocho, FRIDA Offer Manager de la firma, y compartieron inquietudes sobre cómo incorporar estas herramientas a su labor diaria.
Softtek es una empresa global de soluciones digitales que ayuda a las organizaciones a incorporar tecnología en sus procesos y estrategias de negocio. La compañía convocó el encuentro en el restaurante Casa Mo, en Vitacura, con una propuesta didáctica y práctica. La charla de Tocho se enmarcó en el propósito de explorar cómo potenciar habilidades y agilizar tareas, manteniendo el juicio humano como eje para cuestionar, contrastar y decidir.
El enfoque del encuentro vinculó el aprendizaje tecnológico con una pregunta práctica: ¿cómo aprovechar estas herramientas sin perder autonomía profesional? En una redacción, ordenar antecedentes o preparar un esquema puede facilitar el trabajo, pero exige revisar el resultado. Distinguir entre una tarea de apoyo y una decisión editorial permite definir qué se puede agilizar y dónde son indispensables la experiencia y el juicio del periodista.
“La presencia de la persona en el proceso de armar algo para publicar es indispensable. Si no le damos contexto ni ciertas reglas, la IA puede inventar cosas. Si no verificas las fuentes, puedes publicar una cifra que no existe”, advirtió Sabrina Tocho, FRIDA Offer Manager de Softtek. Como recomendación práctica, sugirió pedir a la herramienta que indique de dónde obtuvo cada dato y entregue el enlace para comprobar la fuente original.
Claro, un apoyo
Rodrigo Delgado, People and Culture Manager de Softtek, abordó esta transformación desde el ámbito laboral. “La inteligencia artificial es un apoyo, es una herramienta”, señaló. El ejecutivo destacó su potencial para optimizar tiempos y acompañar el trabajo de los equipos. Frente a las inquietudes sobre el reemplazo de empleos, puso el acento en las posibilidades de apoyo que ofrece la tecnología y en su incorporación a las tareas diarias.
El intercambio entre colegas fue uno de los aspectos valorados por Fabiola Romo, periodista del cuerpo de Innovación de El Mercurio. “Me encantó poder conversar con otros colegas y discutir sobre la ética en relación con el uso de la IA”, comentó. Su apreciación sitúa el debate más allá del funcionamiento de una aplicación: aprender también implica compartir dudas sobre la verificación, el tratamiento de las fuentes y la responsabilidad.
Romo también manifestó interés en una formación de mayor profundidad técnica, acorde con sus conocimientos previos. “Esperaba que me enseñaran a diseñar agentes, más que a usarlos”, expresó. Su observación plantea un desafío para futuras capacitaciones: atender los distintos niveles de experiencia de los participantes. Combinar una introducción con ejercicios más avanzados puede ayudar a responder a necesidades profesionales concretas.
En términos prácticos, una transcripción permite ilustrar por qué ese criterio es necesario: antes de publicar una cita, corresponde contrastarla con el audio y comprobar nombres, cargos y expresiones. Lo mismo ocurre con un resumen o una propuesta de titular: una redacción convincente puede contener errores o perder contexto. La revisión de las fuentes sigue siendo esencial, al igual que evaluar qué información confidencial se puede ingresar.
La conversación dejó planteado un desafío que conecta innovación y calidad informativa: convertir el tiempo ahorrado en mejores preguntas, mayor contraste y más contexto. Para avanzar, las redacciones necesitan formación práctica y espacios donde discutir sus usos y límites. En ese proceso, el aporte de la IA dependerá de cómo se integre al oficio. La decisión de publicar y la responsabilidad ante las audiencias siguen siendo del periodista.





































