Durante un tiempo, hablar de ciberseguridad parecía ser una conversación reservada para ingenieros, especialistas en informática o departamentos de tecnología. Hoy esa mirada resulta insuficiente. En una sociedad donde prácticamente todas las profesiones dependen de plataformas digitales, gestionan información y utilizan sistemas conectados, la ciberseguridad dejó de ser una especialidad exclusiva de la industria tecnológica para convertirse en una competencia transversal.
Este cambio de paradigma es especialmente relevante para las instituciones de educación superior. Formar profesionales para el mundo actual no consiste solamente en enseñarles a utilizar herramientas digitales, también en comprender los riesgos asociados a ellas, proteger la información que administran y actuar responsablemente frente a los datos de otras personas.
Chile está avanzando precisamente en esta dirección. La Ley N°21.663, Marco de Ciberseguridad, estableció una nueva institucionalidad y obligaciones para fortalecer la prevención y respuesta frente a incidentes. A ello se suma la Ley N°21.719, sobre protección y tratamiento de datos personales, cuya entrada en vigencia está prevista para el 1 de diciembre de 2026 y que elevará significativamente los estándares de protección de los datos de las personas.
Este nuevo escenario no puede ser entendido solamente como un desafío de cumplimiento normativo para las empresas. También representa un desafío educativo.
Un profesional de la salud puede acceder a información clínica sensible. Un administrador puede gestionar remuneraciones, contratos o bases de clientes. Un funcionario público puede trabajar con datos ciudadanos. Un docente puede utilizar plataformas que contienen antecedentes de sus estudiantes. Incluso alguien que no trabaje directamente en tecnología puede convertirse, sin saberlo, en la puerta de entrada de un ataque.
Por eso, enseñar ciberseguridad en la educación superior no debe significar únicamente crear asignaturas técnicas. Necesitamos construir una cultura de seguridad digital. Incorporar contenidos básicos de ciberseguridad, privacidad y ética digital en carreras de distintas áreas, avanzando con experiencias prácticas como simular un intento de phishing.
Necesitamos comprender que la ciberseguridad es interdisciplinaria, Un incidente tecnológico puede tener consecuencias legales, financieras, comunicacionales, operacionales y humanas. Desde las instituciones de educaciones superior tenemos una oportunidad concreta: formar especialistas altamente capacitados en ciberseguridad, pero también debemos formar técnicos y profesionales de otras áreas que comprendan que la información tiene valor y protegerla es parte de su responsabilidad profesional.
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