- El “Plan Chile Despega” responde a una urgencia real. Con una desocupación de 9,6% y más de tres años y medio sobre el 8%, el problema ya no es solo coyuntural: el desempleo prolongado deteriora habilidades y reduce la empleabilidad futura, fenómeno que la literatura económica denomina histéresis. Actuar con rapidez es, por tanto, correcto.
No obstante, los instrumentos del plan (obras de rápida ejecución, subsidios a la contratación y liquidez) operan sobre la demanda agregada en el corto plazo y funcionan como un puente. El empleo de calidad, en cambio, depende de la inversión productiva, y en Chile una parte sustantiva de ella está en la minería, cuya maduración es lenta. De la cartera 2025-2034 de Cochilco, que suma US$104 mil millones, solo el 41% tiene alto grado de certeza; el resto depende de permisos, ingeniería, financiamiento o acuerdos con comunidades. Además, el 81% corresponde a reposición y expansión de operaciones existentes, y cerca del 40% se concentra en Antofagasta. El empleo minero llegará, entonces, con rezago y con una distribución territorial distinta a la del desempleo.
A ese rezago se suma una restricción de oferta. La gran minería requerirá más de 37 mil trabajadores hacia 2034, principalmente para reemplazar retiros, y tres de cada cuatro de quienes hoy trabajan en ella tienen formación técnica o universitaria. Las faenas se automatizan y la dotación envejece. Se trata de capital humano específico, que no se improvisa cuando un proyecto obtiene su aprobación.
El riesgo es un doble desajuste: proyectos sin personal calificado disponible y desempleados que, tras un empleo transitorio, vuelven a quedar fuera. Para evitarlo, el puente debe incluir formación y certificación de competencias, por ejemplo, vinculando parte de los subsidios a procesos de certificación y aprovechando el convenio entre el Consejo de Competencias Mineras y ChileValora para que la experiencia en obra pública sea reconocida por la industria.
En este punto, las universidades tienen una responsabilidad directa. La formación de geólogos e ingenieros en minas ya no puede limitarse a la dimensión técnica: debe integrar evaluación económica de proyectos, gestión de permisos, relación con comunidades, digitalización y automatización, porque son esas capacidades las que determinan si la cartera se materializa. A ello se suman la educación continua, que permite reconvertir a profesionales y técnicos de otros sectores hacia la cadena de valor minera; la vinculación con las pymes proveedoras, principal puerta de entrada a la industria, y la tarea de atraer a los jóvenes que el recambio generacional exige.
La política de empleo de emergencia y la de capital humano no son agendas separadas. Integrarlas desde el diseño, con la academia como actor, es la condición para que la urgencia de hoy no se transforme en la brecha de mañana.
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