- Mientras el sistema alcanza sus mejores evaluaciones históricas y consolida la electromovilidad, Beatriz Mella, académica de la Universidad Andrés Bello, advierte que los desafíos siguen estando en la frecuencia, la regularidad de los recorridos y las diferencias en la experiencia de viaje según el territorio.
De protagonizar una de las crisis más complejas del transporte público a convertirse en un referente internacional de electromovilidad. Esa es parte de la transformación que ha experimentado Santiago desde la implementación del Transantiago en 2007 hasta el actual sistema RED Movilidad, que hoy registra sus mejores evaluaciones ciudadanas, aunque todavía enfrenta desafíos para garantizar una experiencia de viaje de calidad en toda la capital.
Según el último Estudio de Satisfacción del Sistema de Transporte Público, los usuarios calificaron con nota 5,5 al sistema en general y con 5,7 a sus recorridos habituales, los mejores resultados desde que comenzó a realizarse la medición.
Para Beatriz Mella, directora alterna del Centro de Aceleración Sostenible de Electromovilidad (CATLEC) y académica de la Universidad Andrés Bello (UNAB), estos avances reflejan una transformación que va mucho más allá de la renovación de buses.
“Lo interesante es que esta transformación no se explica por una sola administración ni por la incorporación de una tecnología, sino que responde a casi veinte años de aprendizaje institucional, inversión, innovación y continuidad de políticas públicas”, sostiene.
La especialista destaca que Chile optó por impulsar la electromovilidad a través del transporte público, permitiendo que una tecnología habitualmente asociada a vehículos particulares de alto costo beneficiara a millones de personas que dependen del transporte colectivo para desplazarse.
Sin embargo, advierte que los avances tecnológicos no necesariamente se traducen en una mejor experiencia para todos los usuarios.
“Aunque los indicadores técnicos sean positivos, es perfectamente posible que una persona siga teniendo una mala experiencia si vive en una comuna periférica, debe esperar demasiado o enfrenta recorridos con baja regularidad”, explica.
En ese sentido, plantea que uno de los principales desafíos es “pasar de medir exclusivamente el desempeño del sistema a comprender mejor la experiencia integral de las personas y cómo esta varía según territorio, género, edad o motivo de viaje”.
El 96% valora los buses eléctricos
La incorporación de buses eléctricos constituye uno de los cambios más visibles del transporte capitalino. Además de reducir emisiones y ruido, la modernización de la flota ha permitido incorporar aire acondicionado, conectores USB, mejores asientos, información del servicio y mayores condiciones de accesibilidad.
Su recepción entre los usuarios también ha sido positiva. Mella señala que una investigación desarrollada por CATLEC, que consideró a 1.781 habitantes de la Región Metropolitana, reveló que el 96% de los participantes evaluó favorablemente la incorporación de buses eléctricos al transporte público.
Entre los beneficios más valorados aparecen la disminución de la contaminación atmosférica y del ruido.
La académica destaca, además, que esta transformación ha generado cambios en las condiciones laborales de quienes conducen los buses, especialmente por la reducción de vibraciones y ruido y las mejoras en las cabinas.
A ello se suma una mayor participación femenina en una actividad históricamente masculinizada. Según las cifras citadas por Mella, a enero de 2026 RED Movilidad contaba con 2.402 mujeres conductoras, frente a las 959 registradas a comienzos de 2022.
Para la especialista, estos avances demuestran que la transición hacia tecnologías más limpias también debe considerar la calidad de vida de los trabajadores del sistema.
Los desafíos pendientes hacia 2030
Pese a los avances, Mella identifica tareas que siguen pendientes: completar la renovación de la flota, mejorar la frecuencia y regularidad de los recorridos, aumentar la velocidad de los servicios y desarrollar infraestructura que permita mejorar los desplazamientos en las distintas comunas de Santiago.
Pero su mirada hacia 2030 también incorpora un desafío que trasciende el transporte de pasajeros: extender la electromovilidad al movimiento de mercancías dentro de la ciudad.
“Si el gran logro de estos veinte años fue transformar la manera en que movemos personas en Santiago, el desafío de la próxima década creo que es transformar también cómo movemos los bienes y cómo organizamos nuestras ciudades”, afirma.
En particular, identifica una oportunidad en los vehículos comerciales livianos, furgones y camiones de reparto utilizados en la logística de última milla, cuyos recorridos relativamente predecibles podrían facilitar la incorporación de tecnologías eléctricas.
Aunque estos vehículos pueden requerir una inversión inicial más elevada, sus menores costos de energía y mantenimiento podrían volverlos convenientes en operaciones intensivas, siempre que exista infraestructura de carga accesible y confiable.
Para avanzar en esa dirección, Mella considera indispensable la coordinación entre el Gobierno central, los municipios y el sector privado.
El desafío, por tanto, ya no consiste únicamente en incorporar buses más modernos, sino en lograr que la transformación tecnológica se traduzca en mejores viajes para las personas, independientemente de la comuna en la que vivan.
Síguenos en redes sociales
Encuéntranos en Google
Equipo Prensa
Portal Innova















