Chile al borde de la recesión técnica

SANTIAGO.– La economía chilena enfrenta uno de sus momentos más complejos desde la postpandemia. El fantasma de la recesión técnica definida formalmente como dos trimestres consecutivos de contracción del Producto Interno Bruto (PIB) ha dejado de ser una simple advertencia teórica para convertirse en un escenario real e inmediato para los analistas del mercado local.

Las alarmas se encendieron de forma definitiva tras la publicación de los últimos datos del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), que revelaron una caída del 0,9% en su serie desestacionalizada. Con este resultado, el país encadenó su quinta contracción mensual consecutiva, una racha negativa histórica que refleja un severo enfriamiento de la actividad productiva. El principal lastre ha sido el sector minero, el cual anotó un desplome del 11% en su producción física, arrastrando consigo a los sectores de servicios y comercio.Con el primer trimestre del año ya cerrado en terreno negativo, la mirada del mercado está fija en el comportamiento del Imacec. De consolidarse un resultado contractivo para el cierre de este periodo, Chile ingresará formalmente en una recesión técnica. Este escenario ha obligado al Banco Central a recortar sus proyecciones de crecimiento para el cierre de año, fijando un acotado rango de expansión de entre 1% y 1,75%.

El contraargumento de los detractores: Prudencia frente al alarmismo

A pesar de la contundencia de los datos, un bloque importante de macroeconomistas y exautoridades de la cartera de Hacienda ha salido a matizar el debate, llamando a la calma y rechazando el uso apresurado del concepto de recesión.Los detractores de la tesis del colapso argumentan que una recesión técnica es un indicador puramente estadístico que no necesariamente refleja una crisis estructural profunda.

Diversos analistas sostienen que la contracción actual responde a factores coyunturales y shocks de oferta específicos, particularmente en faenas mineras clave, y no a una destrucción sistémica de la demanda interna.Economistas de la plaza señalan que, si bien el ciclo es restrictivo, las bases macroeconómicas del país se mantienen sólidas, apoyadas por una inflación bajo control y un proceso de reducción de tasas de interés que debiera comenzar a dinamizar el crédito en los próximos meses. Para este sector, declarar una crisis antes de conocer las cuentas nacionales trimestrales consolidadas resulta prematuro e induce a un pesimismo innecesario que frena la inversión.

La verdadera urgencia: El mercado laboral

Donde sí existe un consenso absoluto entre defensores y detractores de la tesis de la recesión es en el impacto social de la desaceleración.

Más allá de la discusión técnica sobre las décimas del PIB, la tasa de desempleo ya se ubica en un preocupante 9,4%.Los expertos coinciden en que el país atraviesa una «emergencia laboral», donde la capacidad de generación de empleo formal se ha estancado. Es esta cifra, y no la nomenclatura técnica, la que mantiene bajo presión tanto al Ministerio de Hacienda como al Banco Central, que hoy debaten cómo reactivar los motores del crecimiento sin descuidar la estabilidad financiera del país.

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Equipo Prensa
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