Chile se suma al debate global sobre la crisis hídrica en la Semana Mundial del Agua, integrando aprendizajes internacionales y experiencias locales en agricultura, forestación, remediación y reúso para consolidar un modelo de resiliencia adaptado a la variabilidad climática y la presión sobre las fuentes.
La Semana Mundial del Agua, organizada por el Stockholm International Water Institute (SIWI) entre el 18 y el 23 de agosto, se consolida como un espacio para que Chile dialogue con la experiencia internacional y proyecte sus propias prácticas frente a la crisis hídrica. La combinación de aprendizajes globales y respuestas locales en agricultura, forestación, remediación y reúso configura una estrategia que conecta ciencia, tecnología y compromiso territorial con la discusión planetaria.
Desde 1991, este encuentro reúne a gobiernos, especialistas, empresas y organizaciones para situar al agua en el centro del debate. Para Chile, la cita representa una oportunidad estratégica: integrar las mejores prácticas internacionales con las soluciones desarrolladas en escenarios de escasez, fortaleciendo así un modelo de resiliencia adaptado a la variabilidad climática y la presión sobre las fuentes hídricas.
La discusión internacional encuentra eco en la realidad chilena, donde la variabilidad climática y la presión sobre las fuentes hídricas han obligado a distintos sectores productivos a innovar en sus estrategias de adaptación. Desde la agricultura hasta la industria forestal, pasando por la gestión de sitios contaminados y el reúso de aguas residuales, el país ha debido desarrollar respuestas diversas que hoy pueden dialogar con las mejores prácticas globales.
En el ámbito agrícola, Pablo T. Silva Jordán, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental, subraya que la gestión hídrica debe avanzar hacia un enfoque predictivo. “El monitoreo de acuíferos, tranques y aguas superficiales, combinado con balances dinámicos y modelación, permite anticipar escenarios y tomar decisiones productivas. La Inteligencia Artificial hidroclimática puede transformar grandes volúmenes de datos en decisiones operacionales, apoyando incluso la reconversión de cultivos”, señala.
La misma lógica de anticipación se refleja en el sector forestal. Ignacio Vera Izquierdo, gerente general de Forestal Santa Blanca, destaca que iniciativas como la reforestación en el Biobío, apoyada con más de $9.800 millones por el Gobierno Regional, muestran cómo la recuperación de terrenos degradados se convierte en una respuesta estratégica. “La sostenibilidad hídrica debe avanzar de la mano con la transición energética. La incorporación de energías limpias en la industria forestal reduce la huella de carbono y alivia la presión sobre las cuencas”, afirma.
La resiliencia hídrica también exige proteger la calidad del recurso. José Manuel Bellalta, gerente general de Grupo GB CINCO, enfatiza que la gestión de sitios contaminados requiere un enfoque basado en riesgo. “No basta con definir un límite numérico de contaminantes. Se debe identificar la relación fuente–ruta–receptor y evaluar si existe un riesgo inaceptable para la salud o el medioambiente. Prevenir la degradación de acuíferos y recuperar fuentes afectadas es también una estrategia de seguridad hídrica”, explica.
El reúso se suma como un eje clave de diversificación hídrica. Felipe Martin Cuadrado, director ejecutivo de MAS Recursos Naturales, plantea que Chile debe dejar atrás la visión del agua utilizada como desecho y reconocerla como recurso estratégico. “Cada volumen de agua regenerada representa una oportunidad para aumentar la disponibilidad y disminuir la presión sobre ríos y acuíferos. La reutilización puede aportar caudales más estables para la agricultura, mayor certeza operacional para la industria y nuevas alternativas para las ciudades”, sostiene.
La convergencia de estas perspectivas muestra que Chile no enfrenta la crisis hídrica desde un único frente, sino a través de un entramado de soluciones complementarias que dialogan con la experiencia internacional. Gestión predictiva, reforestación y energías limpias, metodologías de remediación y reúso estratégico del recurso configuran un modelo integral de resiliencia. La Semana Mundial del Agua se convierte así en una vitrina para fortalecer la cooperación y proyectar soluciones replicables en un escenario marcado por sequías extremas y creciente presión sobre las fuentes.





































