José Lagos, Docente UEjecutivos, Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile
José Lagos, Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile

José Lagos Docente UEjecutivos Facultad de Economía y Negocios Universidad de Chile

El crecimiento de los negocios digitales depende cada vez más de la confianza que las empresas son capaces de generar en sus clientes. En un entorno donde las transacciones, los datos y los servicios se desarrollan en plataformas tecnológicas, proteger la información y los activos de los usuarios dejó de ser un asunto exclusivamente informático para convertirse en una decisión estratégica.

El reciente ciberataque a Binance, cuya estimación preliminar de impacto alcanzó los US$6.300 millones, vuelve a poner este desafío en el centro de la discusión empresarial. La plataforma anunció que cubrirá las pérdidas con recursos propios y su fondo de protección. Sin embargo, más allá de la capacidad financiera para responder al incidente, el caso plantea una pregunta relevante: ¿están las empresas invirtiendo lo suficiente para proteger aquello que hace posible sus negocios?

El incidente también evidencia que las amenazas pueden originarse en puntos que forman parte de la operación cotidiana de una organización. Según la explicación inicial de Binance, el computador de un ingeniero habría sido comprometido, lo que permitió acceder a componentes internos del servicio y ejecutar retiros no autorizados. Aunque la investigación todavía debe determinar cómo se produjo el ataque y qué controles fallaron, el episodio demuestra que la seguridad debe abordarse de manera integral.

Las cifras del sector refuerzan esta preocupación. El Crypto Crime Report 2026 de TRM Labs estimó que durante 2025 se robaron US$2.870 millones mediante 150 hackeos. A esto se suma la creciente exposición de las empresas que gestionan activos digitales, procesan pagos o almacenan información sensible.

En este escenario, invertir en ciberseguridad no debería entenderse únicamente como un gasto destinado a evitar ataques. Se trata de proteger la continuidad operacional, reducir riesgos financieros y resguardar la reputación corporativa. A su vez, la privacidad debe ocupar un lugar central: las organizaciones necesitan garantizar que los datos de sus clientes sean recopilados, utilizados y almacenados de manera responsable.

Ambas dimensiones están estrechamente relacionadas con la confianza. Los usuarios no solo esperan que sus recursos estén protegidos, sino también que su información personal no sea expuesta ni utilizada de forma indebida. Por eso, una empresa puede ofrecer productos innovadores y servicios eficientes, pero difícilmente sostendrá su crecimiento si no es capaz de demostrar que protege a quienes confían en ella.

Este desafío también involucra directamente a los directorios y a la alta administración. La ciberseguridad y la privacidad deben formar parte de las decisiones de gobierno corporativo, con presupuestos, responsables, mecanismos de supervisión y protocolos de respuesta ante incidentes. No basta con reaccionar cuando ocurre un ataque. Resulta necesario anticipar escenarios, evaluar vulnerabilidades y comprobar periódicamente la efectividad de los controles.

El caso Binance deja una lección que trasciende al mercado de las criptomonedas. En una economía cada vez más digitalizada, la seguridad y la privacidad no son obstáculos para la innovación ni costos que deban minimizarse. Estas son condiciones necesarias para desarrollar negocios sostenibles.

En definitiva, invertir en ciberseguridad y privacidad es invertir en confianza. Y la confianza, en los negocios digitales, no solo protege lo construido, sino que también hace posible seguir creciendo.