30 de septiembre, 2026. Mientras las familias buscan distintas fórmulas para hacer rendir el presupuesto, una paradoja persiste dentro de los hogares: alimentos que fueron comprados y pagados siguen terminando en la basura. Este 29 de septiembre, Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, el problema vuelve a poner sobre la mesa dos desafíos estrechamente relacionados: el costo de alimentarse y la creciente generación de residuos.
Una encuesta realizada por Cheaf a 2.007 personas en Chile mostró que el 87% considera que sus gastos han aumentado durante los últimos cinco años, el 92,3% está preocupado por el costo de vida y un 88% ha reforzado sus estrategias para ahorrar.
Sin embargo, la segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos de la compañía -realizada a 4.504 personas de Chile, Argentina, Colombia y México- mostró que el 49,9% de los encuestados chilenos reconoce desperdiciar alimentos al menos una vez por semana.
“Hoy las familias comparan precios, buscan promociones y ajustan sus compras para disminuir el gasto en alimentación. En ese escenario, cada producto que termina en la basura representa también dinero que ya salió del presupuesto familiar y que finalmente no se aprovechó”, explica Natalia Paredes, gerenta general de Cheaf Chile.
Un residuo que también deja huella
El impacto continúa después de que esos alimentos salen de los hogares. Según la Radiografía de Residuos Municipales 2024, Chile generó 8,2 millones de toneladas de residuos municipales durante ese año y apenas un 1,5% fue valorizado. A ello se suma que el 42% de los residuos del país termina en instalaciones próximas a cumplir su vida útil.
Los alimentos tienen además una particularidad: cuando los residuos orgánicos se descomponen en rellenos sanitarios generan metano, un potente gas de efecto invernadero. El problema adquirió especial visibilidad este año, luego de que un análisis del Observatorio Internacional de Emisiones de Metano de ONU identificara al relleno sanitario Loma Los Colorados, en Tiltil, entre las grandes fuentes de emisiones de metano detectadas a nivel mundial.
El desafío está también entre las prioridades de la actual gestión del Ministerio del Medio Ambiente, que definió la gestión de residuos como uno de sus tres pilares y ha planteado la necesidad de disminuir su generación y avanzar hacia una economía circular.
Para Paredes, esa transformación requiere actuar antes de que los alimentos lleguen al basurero: “Gestionar mejor nuestros residuos es indispensable, pero en el caso de los alimentos tenemos una oportunidad anterior: evitar que se conviertan en residuos. Planificar mejor las compras, aprovechar lo que tenemos en casa y rescatar los excedentes del comercio permite reducir el impacto ambiental y, al mismo tiempo, cuidar el bolsillo”, señala.
El desafío, entonces, no pasa únicamente por encontrar nuevas formas de gestionar lo que desechamos. En un país donde los hogares buscan cómo reducir sus gastos y los rellenos sanitarios enfrentan una presión creciente, evitar que comida todavía aprovechable llegue a la basura aparece como una de las acciones más inmediatas para abordar ambos problemas.
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Acerca de Cheaf
Cheaf es una aplicación móvil creada para reducir el desperdicio de alimentos y promover el consumo responsable. Su plataforma permite que supermercados, restaurantes y panaderías ofrezcan sus excedentes en perfecto estado, mientras los usuarios pueden rescatar paquetes sorpresa con un alto porcentaje de descuento. Nacida en Ciudad de México en 2020, hoy avanza en su expansión regional con presencia en Chile, Argentina y Colombia. Cheaf impulsa un modelo donde comercios y consumidores participan para reducir el desperdicio y la huella de carbono que esto genera.
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