Durante 2025 hemos sido testigos de cómo los softwares de inteligencia artificial se han afianzado en la automatización de diferentes áreas y tareas de la vida diaria. La utilización de este tipo de herramientas crece vertiginosamente con el paso de los meses y el ámbito artístico-cultural no es la excepción. Lo cierto es que, más allá del uso de un filtro para imágenes con fines lúdicos o de un sitio de juegos con personalización integrada como Maggico Casino Chile, la IA está reemplazando esfuerzos humanos a la hora de hacer música, artes gráficas, textos y videos.
La situación parece no tener vuelta atrás, por el contrario, se prevé que los softwares con esta tecnología se harán más eficientes y más accesibles a medida que avance su desarrollo. Actualmente, informes como el Stanford AI Index registran incrementos superiores al 30 % en el uso de modelos generativos en industrias editoriales, musicales y audiovisuales, con tendencia al alza.
Este crecimiento obliga a analizar nuevas formas de colaboración entre humanos y sistemas avanzados, además de riesgos relacionados con propiedad intelectual, sesgos y automatización. En seguida profundizamos más acerca de estos temas.
Impacto de la IA en la creación audiovisual, literaria y en otros ámbitos del hacer artístico
Para el común de las personas, la inteligencia artificial es una herramienta que facilita la vida y automatiza procesos cotidianos. En tiempos recientes se ha convertido en nuestro asistente de investigación favorito, en un recurso para organizar el tiempo o en una ayuda para visualizar ideas y cambios que deseamos en el hogar. Sin embargo, para quienes trabajan en el sector artístico, la influencia de la IA va más allá.
Aunque esta tecnología ha permeado la actividad de diseñadores gráficos, editores de video, escritores y compositores de mediano alcance durante un lapso considerable, las alarmas más estridentes han sonado entre los creativos de Hollywood e industrias similares. Y es que, en este sector, muchos nombres importantes —como el cineasta indio Shekhar Kapur— vaticinan el colapso inminente de las jerarquías y los sistemas de producción de entretenimiento (AI, en Variety.com/). Porque es justamente la capacidad humana de crear y plasmar historias impactantes y exitosas entre el público, lo que establece el estatus dentro de estos ecosistemas.
Al margen de la industria del entretenimiento masivo, en el campo editorial ya tenemos historias de galardones atribuidos a publicaciones hechas parcial o totalmente con inteligencia artificial. Tal es el caso del libro Tokyo Sympathy Tower, por el que su autora Rie Kudan ganó el Premio Akutagawa en 2024 (CNN en español). Las discusiones están abiertas, pero el avance de la IA para crear obras artísticas es inevitable.
Derechos de autor, propiedad intelectual y ética en la era de la IA

Como era de esperarse, entre los debates más álgidos en torno al uso de inteligencia artificial para crear piezas de valor artístico están los relacionados a la ética y a la propiedad intelectual. Sabemos que la IA está creando guiones para series y películas, pistas musicales y obras gráficas, pero, ¿a quién pertenecen los derechos de estas piezas?
La pregunta no es fácil de responder y todavía no hay marcos legales que ayuden a aclarar el panorama en la mayoría de los casos. De momento, se ha optado por analizar detalles como quién ha sido el encargado de diseñar y “entrenar” los softwares creativos, las licencias y las condiciones de cada herramienta y —si aplica— qué persona o personas han intervenido en la configuración de la obra con ayuda de la IA.
En cuanto a la ética en el uso de inteligencia artificial para crear arte (o su utilización en general), la UNESCO advierte acerca de una preocupación creciente, derivada de cuestiones como: posibles sesgos, almacenamiento de datos sensibles sin consentimiento, contribución al deterioro medioambiental y mayor grado de marginación para los grupos humanos menos favorecidos. Además, está el evidente desplazamiento laboral, que afecta no solo a las grandes corporaciones dedicadas al entretenimiento masivo, sino —y sobre todo— a los artistas emergentes.
El desafío exige reglas claras que equilibren la innovación, los derechos y el trabajo humano. En dicho contexto, sin acuerdos éticos y legales sólidos, la creación asistida por IA —más que ayudar— profundizará desigualdades y conflictos culturales globales actuales.
Conclusiones y recomendaciones para creadores y empresas del arte y el entretenimiento
Pese a que el panorama pueda llevar al recelo de muchos artistas y empresas, no todo es desalentador. La otra cara de la moneda presenta a la IA como una herramienta de apoyo para quienes buscan crear piezas de valor. Gracias al uso de softwares de inteligencia artificial, más personas se están animando a presentar ideas innovadoras en música, diseño, audiovisuales y escritura, por lo que puede que el arte deje de ser dominio de los estudiados y comencemos a escuchar más voces.
Sin dudas, tal como anuncia la UNESCO, el impacto de la inteligencia artificial es estructural, afectando las formas de vida y las actividades económicas de diferentes sectores y grupos. Tanto las industrias como los trabajadores están enfrentando nuevos desafíos con la llegada de este recurso, que —según las proyecciones— seguirá marcando la pauta y evolucionando con el paso de los meses. En lo referente al ámbito artístico, los responsables de las políticas culturales tienen diversos aspectos que cubrir y deben hacerlo rápidamente para seguirles el paso a los adelantos tecnológicos.














































