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  • En Chile la producción de este material se inició en 1916. Hoy la tecnología permite su mayor proyección.

 

El yeso es uno de los más antiguos materiales empleados en construcción. Sus aplicaciones se remontan a tiempos milenarios; vestigios del período Neolítico dan cuenta de su aplicación para unir piezas de mampostería. De hecho, los primeros frescos encontrados en Anatolia se pintaron sobre una superficie de yeso y las imponentes construcciones del antiguo Egipto poseen yeso en los sellados de la gran pirámide de Guiza y en las tumbas, donde se utilizó como revestimiento y soporte de bajorrelieves pintados.

 

El experto, Alejandro Violic, señala que el yeso es de un material noble, de origen natural, uso extendido y permanente evolución. En Chile, la producción de yesos comenzó en 1916 en la empresa nacional Volcán, marca que hoy ofrece una variedad de yesos según cada proyecto de la construcción. En 2014, incluso lanzó YesoPro, un yeso de tipo proyectable y con una importante contribución a la productividad de las obras.

 

“Provocó un gran interés por las ventajas en términos de eficiencia y optimización de costos: entrega mayor avance, no genera escombros, se necesita de menos mano de obra y se acortan los tiempos de trabajo”, recuerda sobre la innovación Violic, subgerente de Productividad Aplicada de Volcán.

 

Este yeso aligerado permite su proyección debido a que cuenta con retardante que requiere de 120 minutos de tiempo de fragua. Se calcula que aporta hasta cinco veces más productividad y con una merma en obra inferior al 3%, reduciendo de forma importante los escombros en comparación al yeso tradicional, que se aplica de forma manual.

 

¿Por qué usar yeso? Funcional y estético

Los muros de hormigón necesitan que se aplique yeso sobre la superficie para subsanar la porosidad o los desniveles de la obra gruesa; su aplicación es fundamental para la terminación final con pintura o papel mural.

 

El proceso tiene tres etapas: en la primera se utiliza un promotor de adherencia, un material líquido con sólidos en suspensión aplicado mediante rodillo, lo que aumenta la superficie de contacto del muro y asegura un óptimo anclaje del yeso. “Su correcta aplicación evita el desprendimiento, por ejemplo, en casos de sismos”, dice Violic.

 

En una segunda etapa viene el yeso, que se puede instalar de forma manual o proyectado con máquina. Hay dos productos en la línea manual: uno express de 25 minutos, recomendado para obras más pequeñas; y otro de fraguado controlado, de 50 minutos, sugerido para tareas de mayor envergadura.

 

Una vez instalado el yeso, se utiliza una innovadora pasta de terminación, que a diferencia de la pasta muro tradicional tiene un secado menor a 2 horas, ofreciendo mayor productividad y rendimiento. Además, logra un mejor blanco de fondo, lo cual optimiza el uso de la pintura, y deja las superficies listas para recibir pintura o revestimiento mural, aportando una terminación perfecta en los muros.

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Equipo Prensa
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