El robot en lo repetitivo, las personas en lo importante
Marcelo Ergas

Por Marcelo Ergas, director comercial de VIC Robotics

Cuando se habla de la jornada de 40 horas, muchas empresas parten con la misma pregunta: cómo mantener la productividad con menos tiempo: la respuesta está en cómo se usan esas horas. 

En sectores como aseo, retail, hotelería o logística todavía hay mucho tiempo destinado a tareas repetitivas y físicamente desgastantes. Si se reduce la jornada sin revisar eso, lo único que se logra es exigir más a las mismas personas. Para mí, el verdadero debate no recae en si los robots nos van a quitar el trabajo o no. Por lo mismo, me sigo cuestionando por qué seguimos usando personas para tareas repetitivas y desgastantes cuando la tecnología ya puede hacerse cargo de una parte. 

Se suele decir que la reducción de jornada va a obligar a automatizar. Más que obligar, va a acelerar una conversación que muchas empresas venían postergando. Cuando el tiempo se vuelve más escaso, se hace evidente cuánto se pierde en labores que no agregan valor. Es inevitable que la tecnología siga avanzando. La automatización llegó para quedarse y dejó de ser tan solo un proyecto a futuro. Hoy en día es una decisión de gestión. Es urgente pararnos a rediseñar tareas y que no caiga todo el peso del cambio en los trabajadores, por ejemplo, para exigir la misma productividad en menos horas.

Ahí es donde debe entrar la robotización como una herramienta para sacar de la carga humana aquellas labores repetitivas, físicas y poco estratégicas. En la práctica, significa que un robot puede encargarse de recorrer y limpiar grandes superficies mientras el personal se concentra en lo que requiere detalle y criterio humano. Por ejemplo, en un restaurante, el robot traslada los platos y el equipo dedica más tiempo a atender a los clientes: el equipo en lo importante; el robot, en lo repetitivo, liberando tiempo para utilizarlo en tareas de mayor valor.

Es cierto que incorporar robots puede leerse como una amenaza para los trabajadores. Pero la resistencia aparece cuando la tecnología llega sin contexto. La clave está en explicar con claridad para qué se incorpora e involucrar a los equipos desde el inicio. Cuando los trabajadores ven que el robot asume la parte más pesada y que ellos pasan a tareas de supervisión, atención o resolución de problemas, la percepción cambia. 

No es la primera vez que una tecnología despierta este tipo de dudas. Pasó exactamente lo mismo con la adopción de la tecnología LED, al comienzo se cuestionaban muchos aspectos como el costo, durabilidad y calidad, pero  al final terminó siendo universalmente adoptada cuando se demostró que resolvía problemas concretos. Toda tecnología nueva enfrenta dudas al comienzo y la robótica está en ese mismo proceso de aceptación y adopción. Estamos frente a la masificación de esta tecnología porque las empresas ya comprobaron que funciona en su operación diaria. 

¿Qué riesgo corre una empresa que enfrente las 40 horas solo ajustando turnos, sin repensar procesos ni tecnología? Terminar con equipos más cansados haciendo lo mismo en menos tiempo. La nueva jornada laboral es una oportunidad. Una oportunidad para que todos nos cuestionemos cómo estamos usando el tiempo. La industria debe aprovechar este cambio para repensar  sus procesos y su uso de la tecnología, para estar más preparada y no solo cambiar horarios.