Santiago, Chile. Junio de 2026. Durante años, verificar una identidad parecía relativamente sencillo. Un documento, una fotografía o una contraseña eran suficientes para demostrar quién estaba detrás de una pantalla. Sin embargo, el avance acelerado de la inteligencia artificial está cambiando esa realidad.
Hoy, tecnologías capaces de generar rostros hiperrealistas, clonar voces o crear documentos falsos están elevando el nivel de sofisticación del fraude digital. Lo que antes parecía una amenaza reservada para películas de ciencia ficción se ha convertido en un desafío cotidiano para empresas, instituciones y usuarios.
Según Víctor Nieto, Jefe de Gestión de Productos Software Solutions de Experian para Spanish Latam, el escenario actual refleja una transformación profunda de las amenazas digitales.
«Estamos frente a una nueva generación de fraude digital: más sofisticado, automatizado y diseñado para escalar globalmente.»
Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. De acuerdo con datos compartidos por Experian, compañía global especializada en datos, analítica y prevención de fraude, durante 2024 el crimen digital superó el billón de dólares a nivel mundial. Al mismo tiempo, los ataques mediante deepfakes crecieron más de 1.100%, mientras que los fraudes con identidades sintéticas aumentaron cerca de 300%.
Pero el problema ya no es únicamente tecnológico.
«El fraude digital hoy es un problema de confianza, no solo de ciberseguridad. Tanto empresas como personas necesitan pasar de reaccionar al fraude a prevenirlo desde el inicio.»
La frase, planteada por Pilar Pereira, directora estratégica de alianzas y partnerships para Latinoamérica de Jumio, resume uno de los principales cambios que enfrenta el ecosistema digital. El desafío ya no consiste solamente en proteger sistemas o bloquear ataques, sino en determinar con certeza quién está realmente detrás de cada interacción.
La identidad digital entra en una nueva etapa
La transformación del fraude está obligando a redefinir el concepto mismo de identidad digital.
Hasta hace algunos años, validar un documento o confirmar ciertos datos personales era suficiente para autenticar a una persona. Hoy, ese enfoque parece insuficiente frente a amenazas impulsadas por inteligencia artificial.

Como explica Nieto:
«La identidad digital dejó de ser algo estático. Antes bastaba con validar un documento o un dato puntual; hoy eso ya no es suficiente. Las empresas necesitan confirmar que detrás de cada interacción hay una persona real y un comportamiento legítimo, y eso solo se logra combinando múltiples señales.»
Desde Jumio, compañía global especializada en verificación de identidad digital y autenticación biométrica, observan el mismo fenómeno. La creciente digitalización de usuarios y organizaciones ha generado desafíos cada vez más complejos en torno a la protección de la identidad.
«El fraude digital dejó de ser una amenaza remota para convertirse en una industria global altamente especializada. Hoy, los criminales ya no operan solos: utilizan agentes automatizados capaces de crear identidades falsas, simular rostros y ejecutar transacciones sin supervisión humana.»
En este escenario, la pregunta deja de ser cómo verificar un documento y pasa a ser cómo construir confianza digital de manera permanente.
Cuando una selfie ya no basta
La biometría se ha convertido en una de las herramientas más relevantes para responder a esta nueva realidad. Sin embargo, los expertos coinciden en que tampoco puede operar de manera aislada.
Los avances en inteligencia artificial han demostrado que incluso una imagen o un video pueden ser manipulados. Por eso, la tendencia apunta hacia modelos que combinan biometría con inteligencia de identidad y análisis de riesgo en tiempo real.
Según Pereira:
«La biometría e identidad reutilizable son herramientas hermanas y complementarias que permiten mejorar la estrategia de seguridad de las organizaciones.»
Más allá de la tecnología, la ejecutiva sostiene que el verdadero desafío consiste en evolucionar la forma en que se entiende la identidad digital.
«Desde Jumio, vemos necesario migrar desde el concepto de verificación de identidad hacia la inteligencia de identidad, donde se aborde de manera integral, dinámica e inteligente todo el proceso y podamos llegar a mejores resultados para las personas y organizaciones, redefiniendo así la forma en que se ha entendido históricamente la identidad digital.»
Del combate al fraude a la construcción de confianza
La evolución de las amenazas también está modificando la forma en que las organizaciones entienden la seguridad.
Durante años, la prevención del fraude y la experiencia de usuario fueron vistas como objetivos opuestos. Hoy, las empresas enfrentan una realidad diferente: proteger mejor también puede significar ofrecer experiencias más fluidas.
En palabras del ejecutivo de Experian:
«Hoy la confianza digital se ha convertido en un habilitador directo del crecimiento. Durante años existió la percepción de que las empresas debían elegir entre seguridad y experiencia. Hoy esa lógica cambió: las mismas señales que ayudan a prevenir fraude también permiten comprender mejor al usuario y ofrecer experiencias más ágiles, personalizadas y con menos fricción.»
Desde Jumio agregan que la experiencia también se ha convertido en un factor crítico.
«La identidad digital se ha vuelto parte fundamental de cómo las personas viven su día a día, por lo cual la seguridad de la misma se vuelve un eje central para poder desenvolverse con confianza en los procesos cotidianos que se viven en línea, desde un juego de azar hasta una emisión de un producto financiero.»
Y complementa:
«La fricción es algo que cada vez importa más a los usuarios. Si los procesos no son amigables digitalmente, pueden ser abandonados antes de completarse, por lo que es importante entender que la experiencia digital está siendo tanto o más importante que todos los demás procesos que van detrás de la interacción con un cliente.»
La consecuencia es que las organizaciones ya no pueden depender de una única señal para tomar decisiones.
«Porque ninguna señal, por sí sola, es suficiente para validar identidad en el entorno digital actual. La evolución del fraude y el avance de la inteligencia artificial han demostrado que una fotografía, un documento o incluso una validación biométrica aislada ya no garantizan autenticidad.»
Por esa razón, las estrategias más avanzadas están integrando biometría, comportamiento digital, inteligencia de dispositivos, contexto transaccional y análisis de riesgo para construir modelos de confianza más robustos.
El próximo desafío
A medida que la inteligencia artificial continúa evolucionando, también lo harán las amenazas.
Para los especialistas, la respuesta no estará únicamente en nuevas tecnologías, sino en la capacidad de construir ecosistemas de identidad más inteligentes, interoperables y confiables.
Como concluye Víctor Nieto:
«La principal recomendación es entender que la identidad digital se ha convertido en uno de los activos más valiosos de la economía digital.»
En una economía cada vez más digital, donde las interacciones ocurren en segundos y la inteligencia artificial redefine constantemente las reglas del juego, la capacidad de generar confianza y validar identidades de manera segura será uno de los principales desafíos para organizaciones y usuarios durante los próximos años.





































