Santiago, 24 de abril de 2026.- En el marco de la implementación gradual de la reducción de la jornada laboral en Chile, las pequeñas y medianas empresas (PYME) atraviesan un proceso clave de adaptación. Actualmente, la mayoría de estas organizaciones aún opera entre 42 y 44 horas semanales, por lo que deberán ajustar sus estructuras para cumplir con la nueva normativa sin perder eficiencia.
A partir del 26 de abril de 2026, será obligatorio que las empresas cumplan con una jornada máxima de 42 horas semanales. Si bien muchas compañías han avanzado de forma progresiva desde el hito inicial del 26 de abril de 2024 que exigió reducir la jornada a 44 horas semanas, son pocas las que adoptaron de inmediato aquella jornada, lo que refleja un proceso de transición aún en desarrollo.
Para las pymes, este cambio representa un desafío particularmente exigente. A diferencia de las grandes empresas, cuentan con menor capacidad de contratación, una estructura financiera más limitada y una alta dependencia de equipos reducidos. Esto dificulta la redistribución de cargas laborales y la implementación de ajustes sin impactar su operación.
Además, el cambio no es neutro en términos económicos: las empresas deberán pagar la misma remuneración por una menor cantidad de horas trabajadas. En sectores que operan por turnos, como comercio o producción, el impacto es aún mayor, ya que no solo aumentan los costos, sino que también se requiere una reorganización completa de los turnos para cumplir con la normativa.
Si bien la reducción de la jornada laboral tiene efectos positivos, como una mejora en la salud mental de los trabajadores al aumentar el tiempo de ocio y vida familiar, en el caso de las pymes puede generar, en algunos casos, una disminución de la productividad si no se gestiona adecuadamente.
En este contexto, la eficiencia operativa se vuelve fundamental. Las empresas deberán definir cómo implementar la reducción de jornada —ya sea ajustando horarios de entrada o salida— y enfocarse en optimizar el uso del tiempo. Esto implica reducir tiempos muertos, mejorar la distribución de tareas y responsabilidades, y avanzar hacia una gestión más eficiente.
El uso de herramientas tecnológicas también juega un rol clave. El uso de softwares para el funcionamiento de las diversas áreas de las empresas, como la administración, las finanzas o la contabilidad pueden ayudar a agilizar diversos procesos que actualmente se ejecutan de forma manual. Éstos pueden ayudar a reducir tareas administrativas repetitivas, minimizar errores y liberar tiempo de los equipos para enfocarse en actividades de mayor valor.
La implementación de softwares de remuneraciones, por ejemplo, permite adaptarse más fácilmente a los nuevos cálculos asociados a la jornada laboral, facilitando la gestión administrativa. Asimismo, será necesario formalizar cambios mediante anexos de contrato, ajustar horas extraordinarias y redefinir estructuras internas.
En este escenario, Daniel Binfa, CEO de Matika, empresa que se especializa en ordenar y automatizar la gestión contable, financiera y recursos humanos de las empresas, “la ley no obliga a trabajar menos, sino a trabajar mejor organizado. El desafío está en hacer lo mismo en menos tiempo, de manera más eficiente, y ahí es donde la tecnología puede cumplir un rol clave. Incorporar herramientas como la inteligencia artificial y softwares de gestión puede ayudar a la productividad”.
La transformación que exige esta nueva normativa no es sólo operativa, sino también cultural. Para las pymes, adaptarse exitosamente dependerá de su capacidad para optimizar procesos, apoyarse en tecnología y fortalecer su gestión interna, en un contexto donde la eficiencia será más importante que nunca.

























