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PORTAL INNOVA — Edición Especial de Fin de Semana

Por Portal Innova
Santiago,  octubre de 2026

El aluvión que afectó el jueves 8 de octubre al sector de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, volvió a poner en discusión la capacidad de las ciudades para responder ante fenómenos naturales que se desarrollan en pocos minutos. La crecida arrastró barro, sedimentos, árboles y vehículos, mientras las autoridades comenzaron a evaluar las posibles causas de la emergencia.

El episodio fue descrito por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) como un fenómeno de tipo flash flow, caracterizado por una crecida rápida de agua que arrastra materiales y puede afectar cauces, quebradas y laderas.

Aunque los términos suelen utilizarse indistintamente en la cobertura informativa, flash flood se refiere a una inundación repentina, mientras que flash flow describe un flujo que aumenta rápidamente y transporta sedimentos y otros materiales. En zonas de pendiente, la combinación de agua y material suelto puede convertir una crecida en un aluvión.

Una crecida que deja poco margen de reacción

Según antecedentes difundidos por medios de comunicación a partir de declaraciones de autoridades, durante la emergencia se registraron 15 milímetros de precipitaciones en un período muy breve. La concentración de la lluvia fue uno de los elementos mencionados para explicar la rápida crecida de la quebrada.

En estos episodios, la intensidad de las precipitaciones y las características del terreno son factores relevantes. Cuando el agua circula por una quebrada o una ladera, puede incorporar tierra, rocas, ramas y otros elementos que encuentra a su paso. El volumen y la velocidad del flujo pueden aumentar durante el recorrido.

La diferencia con una inundación convencional no está únicamente en la cantidad de agua, sino también en la rapidez con que se desarrolla el evento y en el tiempo disponible para advertir a quienes se encuentran en las zonas expuestas.

En el caso de San Carlos de Apoquindo, las causas específicas todavía deben distinguirse de las hipótesis planteadas durante las primeras horas de la emergencia.

El incendio y las obras de evacuación, bajo evaluación

Entre los factores mencionados por las autoridades se encuentran una posible obstrucción de un canal subterráneo y los efectos del incendio que afectó la vegetación del sector durante el verano.

El delegado presidencial metropolitano, Germán Codina, planteó preliminarmente que una obstrucción en el sistema de evacuación habría dificultado el escurrimiento del agua. También se mencionó la pérdida de cobertura vegetal como un antecedente que podría haber influido en el comportamiento del terreno.

Ambos elementos requieren análisis para determinar su incidencia concreta en el episodio. La existencia de un incendio previo o de una eventual obstrucción no permite, por sí sola, establecer cuánto contribuyó cada factor a la magnitud del aluvión.

La evaluación de las condiciones de la cuenca, el estado de los cauces y la capacidad de las obras de evacuación resulta relevante para identificar las causas y definir medidas que reduzcan el riesgo de nuevas emergencias.

Monitoreo y alertas: el desafío de anticiparse

La rapidez de estos fenómenos plantea una dificultad para los sistemas de prevención: la información meteorológica debe convertirse en una advertencia útil antes de que el agua y los sedimentos alcancen las zonas habitadas.

En agosto de 2026, la Universidad de O’Higgins publicó un análisis sobre las limitaciones tecnológicas que enfrenta Chile para detectar determinados fenómenos meteorológicos extremos. El académico Raúl Valenzuela destacó la necesidad de fortalecer la observación atmosférica mediante radares meteorológicos Doppler escaneadores, capaces de estudiar cómo se desarrollan y desplazan ciertos sistemas.

El análisis se centró principalmente en la detección de fenómenos como los tornados, por lo que no constituye una evaluación específica del aluvión de Las Condes. Sin embargo, plantea una cuestión más amplia para la gestión del riesgo: la importancia de contar con instrumentos de observación adecuados y de integrar sus datos a los sistemas de prevención.

La geografía chilena también impone condiciones particulares. Según el académico, la presencia de cordones montañosos puede limitar la observación de la atmósfera desde determinados puntos, por lo que la ubicación y las características de los equipos deben responder a las condiciones del territorio.

En la emergencia de San Carlos de Apoquindo, el tiempo disponible para alertar a la población también fue un factor relevante. La directora nacional de Senapred, Alicia Cebrián, explicó que la naturaleza súbita del episodio y la concentración de las precipitaciones en un área específica limitaron el margen de reacción para emitir una alerta SAE.

El sistema SAE permite enviar mensajes a teléfonos móviles compatibles para advertir sobre emergencias y solicitar evacuaciones. No obstante, su utilidad depende de que exista información suficiente y tiempo para activar el procedimiento antes de que el peligro alcance a la población.

Tecnología y planificación territorial

Lo ocurrido en Las Condes vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de evaluar cómo se combinan el monitoreo, la infraestructura y la planificación urbana en sectores expuestos a crecidas y flujos de barro.

Entre las medidas que pueden analizarse a partir de las evaluaciones técnicas están el monitoreo de las quebradas, la revisión de los sistemas de evacuación de aguas y la identificación de puntos donde una obstrucción pueda agravar el escurrimiento. Estas acciones deben definirse sobre la base de estudios del terreno y de las características de cada cuenca.

También es relevante que los protocolos de emergencia consideren la rapidez con que puede cambiar una situación. En determinados escenarios, la prevención no depende de una sola tecnología, sino de la coordinación entre la observación meteorológica, la información territorial, los organismos de emergencia y los mecanismos de comunicación con la comunidad.

El aluvión de San Carlos de Apoquindo deja preguntas que requieren respuestas técnicas y una evaluación de las condiciones locales. Determinar qué ocurrió, establecer el peso de los factores involucrados y revisar las capacidades de prevención serán pasos necesarios para orientar las decisiones futuras.

En un territorio marcado por la presencia de quebradas, pendientes y zonas urbanizadas, la innovación aplicada a la gestión del riesgo tiene un objetivo concreto: mejorar la información disponible y contribuir a que las decisiones preventivas se tomen a tiempo.