La creciente presión de los reguladores sobre las grandes empresas tecnológicas ha vuelto a instalar una pregunta clave: ¿cómo evitar que compañías como Google, Meta, Nvidia o Microsoft acumulen cada vez más poder sin terminar perjudicando la innovación?
Mientras Estados Unidos y la Unión Europea endurecen el control sobre las fusiones y adquisiciones en el sector tecnológico, el economista Luis Cabral, profesor de la Universidad de Nueva York (NYU), advirtió que una política demasiado restrictiva podría generar un efecto contrario al esperado.
«Mucha gente confunde correlación con causalidad», afirmó el académico, al cuestionar la idea de que el crecimiento de las Big Tech se explique únicamente por la compra de startups. A su juicio, impedir este tipo de operaciones no necesariamente fortalecerá la competencia y podría debilitar uno de los principales motores de innovación del ecosistema tecnológico.
Cabral explicó que, a diferencia de industrias tradicionales, en los mercados digitales es prácticamente imposible anticipar qué empresa emergente se convertirá en un competidor relevante. De hecho, sostuvo que muchas startups desarrollan sus proyectos considerando desde un comienzo la posibilidad de ser adquiridas por una compañía de mayor tamaño, ya que esa alternativa les permite acceder a financiamiento, escalar sus tecnologías y recuperar la inversión realizada.
El economista participó en el conversatorio «Las Big Tech en la era de la IA: datos, fusiones y poder de mercado», organizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, instancia en la que abordó los desafíos que enfrenta la política de libre competencia frente al avance de la inteligencia artificial.
Durante su exposición, recordó que las cinco principales empresas tecnológicas han concretado entre 800 y 900 adquisiciones desde comienzos de siglo, pero advirtió que utilizar ese dato como prueba de que las fusiones son la causa de la concentración del mercado constituye un diagnóstico incompleto. Según explicó, las autoridades cuentan con otras herramientas para promover la competencia y no deberían concentrar todos sus esfuerzos únicamente en impedir adquisiciones.
En esa línea, Cabral planteó que la regulación debe adaptarse a la dinámica propia de la economía digital. A su juicio, las metodologías tradicionales para evaluar el poder de mercado fueron diseñadas para industrias muy distintas y hoy presentan limitaciones frente a plataformas digitales e inteligencia artificial, donde los modelos de negocio evolucionan con rapidez y los futuros competidores son difíciles de identificar.
Como alternativa, propuso avanzar hacia un marco regulatorio basado en principios generales —como la interoperabilidad, la apertura de los mercados y la protección de la competencia—, más que en reglas rígidas que puedan quedar obsoletas en pocos años. Incluso comparó ese enfoque con el arbitraje del rugby, donde el objetivo es corregir las conductas para mantener el juego en marcha, en lugar de detener constantemente el partido.
El panel también contó con la participación de Carolina Veas, abogada en Crosswalk; Nicolás Riquelme, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes; y fue moderado por Jorge Alé, académico también de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes.





































