Una StartUp y Academia chilena se unen para generar impacto real en el desarrollo de las habilidades para el futuro del trabajo

Mientras el 58% de los especialistas en Recursos Humanos en Chile considera igual de importantes las competencias blandas y las técnicas al momento de contratar, la edtech Lifebox y la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) desarrollan conjuntamente un instrumento para evaluar objetivamente el impacto de estas capacitaciones.

Chile proyecta cerca de 300 mil nuevos empleos hacia 2027, fuertemente impulsados por la automatización y la inteligencia artificial. Sin embargo, el desafío no es solo técnico. Un estudio de la consultora European Accreditation of Soft Skills and Employability Competencies (EASEC) advierte que los sistemas educativos y de selección aún no logran medir ni acreditar de manera objetiva las competencias transversales que el mercado exige hoy con urgencia.

Las cifras respaldan esta necesidad. Según un estudio de habilidades más buscadas de Laborum, el 58% de los especialistas de RR.HH. en Chile considera igual de importantes las competencias blandas y las técnicas al contratar, un 40% se inclina por las primeras y solo un 2% prioriza las técnicas. El trabajo en equipo lidera las competencias más buscadas (57% de menciones), seguido de la comunicación y la empatía, siendo también de las más difíciles de encontrar.

Resolver cómo medir el impacto real de la formación en habilidades blandas dejó de ser un problema interno de las empresas. Por ello, la colaboración entre la academia y el ecosistema de startups se vuelve vital, una sinergia que en Chile sigue siendo la excepción y no la regla, tal como se ha evidenciado en encuentros recientes de innovación.

Sin una línea base y una evaluación posterior con un instrumento validado, es difícil distinguir una capacitación que modificó comportamientos de una que solo generó una buena evaluación de satisfacción al cierre del curso. Esa distinción es la que Sence y las propias empresas mandantes empiezan a exigir con más fuerza a sus proveedores de capacitación.

En este contexto, Lifebox edtech chilena fundada en 2020 que, bajo el liderazgo de su Fundador y CEO Mauricio Peñafiel, ha impactado a más de 100.000 personas en empresas de Chile y Latinoamérica, desarrolló junto a la Escuela de Psicología UAI un diagnóstico de power skills que aplica antes y después de sus cursos.

«Nosotros diseñamos las experiencias basadas en la neurociencias aplicada al aprendizaje y sabemos qué contenidos funcionan en el día a día de una empresa, pero eso no basta para decir que hay un cambio real en las personas, por eso construimos el instrumento de medición de cambio conductual asesorados metodológicamente por un equipo académico independiente: para que la validación no dependa de nuestra propia mirada como startup, sino de un criterio metodológico externo.», explica Valentina Laval, Cofundadora y Directora de Aprendizaje de Lifebox.

Sin una línea base y una evaluación posterior con un instrumento validado, es difícil distinguir entre una capacitación que modificó comportamientos y una que solo generó una buena encuesta de satisfacción al cierre del curso, una distinción que Sence y las propias empresas mandantes están comenzando a exigir con más fuerza a sus proveedores.

Para Claudia Cruzat, Decana de la Escuela de Psicología UAI, esta alianza representa un paso clave en el rol que deben asumir las universidades hoy. “Creemos profundamente en el valor de la colaboración entre la academia, el ecosistema de innovación y la vinculación constante con nuestros Alumni UAI. En este proyecto, nuestro rol es resguardar la rigurosidad en la medición y el análisis de los datos. De esta forma, garantizamos que las organizaciones cuenten con información objetiva y de alto estándar para tomar decisiones estratégicas sobre el talento y el desarrollo de sus equipos en el futuro”, concluye.

Con un mercado laboral que necesitará cientos de miles de trabajadores con competencias que hoy nadie mide de forma estandarizada, alianzas como esta plantean un modelo distinto: la universidad no certifica al final del proceso, sino que participa desde el diseño mismo del producto. Si la colaboración entre academia y startups sigue siendo la excepción, casos como este muestran cómo empezar a revertirlo.

 

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Equipo Prensa
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