Xi Jinping y Trump se reúnen: la ventaja silenciosa que podría inclinar la balanza

Un fuerte apretón de manos entre el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, marcó el inicio de la jornada de este jueves en Beijing. Posteriormente, ambos líderes sostuvieron una serie de reuniones centradas en comercio y geopolítica, en medio de un escenario internacional marcado por las tensiones en Medio Oriente, la guerra en Ucrania y el conflicto en torno a Taiwán.

Para Isidora Puga, doctora en Historia y académica del Instituto de Historia de la Universidad de los Andes (Uandes), especializada en Estados Unidos y su relación con los países del Pacífico, la diferencia entre ambos líderes radica en los tiempos políticos con los que negocian, “es muy importante considerar al analizar estas cumbres de negociación el horizonte temporal de cada una de las partes, ya que quien pueda esperar más, tiene más poder negociador. Y no todos los sistemas políticos tienen la misma capacidad de espera”, explica.

La académica sostiene que Donald Trump enfrenta una presión electoral inmediata, mientras que Xi Jinping puede proyectar negociaciones a largo plazo. “Trump tiene un reloj político que corre hasta noviembre de 2026, fecha de las elecciones de medio término. Necesita resultados visibles antes de esa fecha, y esa urgencia es estructural al sistema democrático con ciclos electorales cortos, y sus contrapartes lo saben”, afirma. En contraste, agrega que “Xi Jinping opera en un horizonte incomparablemente más largo, y puede permitirse dilatar, esperar y negociar en sus propios tiempos”.

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La investigadora también relaciona este escenario con la reciente tensión en Medio Oriente y el eventual cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, como respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel. “El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ilustra un principio recurrente en la historia geopolítica moderna: los puntos más pequeños del mapa pueden concentrar el poder más desproporcionado al extorsionar al sistema internacional con su cierre o acceso”, señala.

Puga compara esta situación con la crisis del Canal de Suez de 1956, cuando Egipto nacionalizó el paso marítimo bajo el liderazgo de Gamal Abdel Nasser, alterando el equilibrio global de poder. “La lección es clara: quien controla un cuello de botella geográfico puede imponer costos desproporcionados a actores mucho más poderosos, incluso perdiendo en el terreno convencional”, sostiene.

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Equipo Prensa
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