Desierto florido: conservación de su biodiversidad abre oportunidades de desarrollo para Atacama

El desierto florido de Atacama tiene un valor que trasciende su atractivo paisajístico. Su biodiversidad, su contribución a la economía local y el conocimiento que puede aportar a la recuperación de ecosistemas áridos plantean el desafío de conservarlo durante todo el año. La aspiración anunciada por el Gobierno Regional de avanzar hacia un eventual reconocimiento ante la Unesco vuelve a poner estos temas en discusión.

Aira Faúndez, botánica principal de Formation Environmental, explica que detrás de la floración existe un ecosistema adaptado a largos períodos de aridez, cuya actividad depende de episodios poco frecuentes de disponibilidad hídrica. “El agua activa esta transformación. Las lluvias permiten que germinen semillas y crezcan plantas con bulbos u otros órganos subterráneos de reserva, desencadenando una red de vida adaptada a largos períodos de aridez”, señala la especialista.

El fenómeno reúne alrededor de 200 especies de plantas anuales y geófitas, como las añañucas y los huilles, muchas de ellas endémicas. Cada floración contribuye a renovar el banco de semillas, proporciona alimento a insectos y fauna nativa y favorece procesos como la polinización. “Proteger estos procesos exige conservar también los terrenos cuando las flores desaparecen: el tránsito de vehículos, el pisoteo y la extracción de plantas pueden afectar su reproducción y comprometer futuras floraciones”, advierte Faúndez.

Oportunidades para las comunidades y la restauración ambiental

Para localidades como Freirina, Huasco, Vallenar y Copiapó, el desierto florido genera oportunidades en alojamiento, gastronomía, transporte, servicios de guías y artesanía. En una zona vinculada a la minería, el turismo de naturaleza puede complementar las fuentes de empleo e ingresos, además de fortalecer los oficios locales, la identidad atacameña y la educación ambiental. Aprovechar ese potencial requiere que las comunidades participen en las decisiones y que las visitas se organicen según la fragilidad de cada sector.

El estudio de estas especies puede aportar a la restauración ambiental. El Instituto Forestal (INFOR) investiga su germinación, reproducción, propagación y adaptación, generando conocimiento para su conservación y la recuperación de ecosistemas áridos. “A futuro, este conocimiento podría aportar al diseño de estrategias de revegetación de terrenos intervenidos por distintos tipos de proyectos, siempre considerando las especies, condiciones ambientales y ecosistemas de referencia de cada sitio”, explica la botánica de Formation Environmental. Agrega que estas aplicaciones requieren una evaluación técnica específica para cada caso.

El camino hacia un eventual reconocimiento internacional

La biodiversidad, el endemismo y las adaptaciones a condiciones extremas son atributos que podrían sustentar una eventual candidatura del desierto florido ante la Unesco. Para ello sería necesario demostrar, con evidencia científica, su singularidad y relevancia a escala mundial.

Actualmente, el reconocimiento constituye una aspiración regional y no una candidatura formal ante la Unesco. El proceso requeriría, entre otras etapas, conducción estatal, la incorporación previa del sitio a la Lista Tentativa de Chile y una fundamentación técnica de su Valor Universal Excepcional.

Esta proyección internacional plantea también tareas de conservación: fortalecer la investigación, establecer medidas de manejo, monitoreo y fiscalización, y promover un turismo compatible con la fragilidad del ecosistema y con participación local. El desafío es resguardar el patrimonio natural de Atacama también durante los años en que las flores permanecen bajo el suelo.