Baterías de vehículos eléctricos impulsan un nuevo mercado de negocios en Chile

El desarrollo de sistemas de almacenamiento energético a partir de baterías reutilizadas podría impulsar una nueva industria nacional, con aplicaciones en minería, energías renovables, telecomunicaciones y otros sectores productivos. 

En Chile, la expansión del almacenamiento energético durante 2026 está abriendo oportunidades para reutilizar baterías retiradas de vehículos eléctricos en sistemas estacionarios. Esta alternativa podría impulsar nuevos servicios tecnológicos, aunque su desarrollo comercial aún enfrenta desafíos de seguridad, costos y regulación.

Según el boletín estadístico de septiembre de 2026 de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA), el país registraba 3.125 MW de sistemas BESS en operación, equivalentes a 13.555 MWh de capacidad energética. A ello se sumaban 3.017 MW en fase de pruebas y otros 5.130 MW en construcción, cifras que evidencian el crecimiento de esta tecnología y las oportunidades que podrían surgir para el desarrollo de nuevas soluciones de almacenamiento.

Aunque estas cifras corresponden al mercado general de almacenamiento, reflejan el crecimiento de una cadena de valor en la que podrían incorporarse soluciones desarrolladas a partir de baterías reutilizadas.

Para el Dr. Luis Martínez Cerna, director ejecutivo de CircularTec, Chile tiene la posibilidad de “construir una industria que vaya más allá de la gestión de residuos y que sea capaz de generar soluciones tecnológicas con valor agregado. Para conseguirlo, necesitamos articular capacidades entre empresas, centros tecnológicos y organismos públicos, de manera que el conocimiento desarrollado se traduzca en nuevas oportunidades productivas y mayor competitividad para el país».

Minería y energías renovables entre los sectores con mayor potencial

La segunda vida de las baterías podría beneficiar a diversas actividades económicas, particularmente a aquellas que requieren almacenar energía, administrar su consumo eléctrico o contar con sistemas de respaldo frente a interrupciones del suministro.

En minería, por ejemplo, estas soluciones podrían utilizarse para gestionar la demanda energética, complementar instalaciones solares y proporcionar respaldo a determinadas operaciones. Por otra parte, en el sector de las energías renovables, permitirían almacenar excedentes de generación y aprovechar parte de la electricidad que actualmente puede perderse debido a restricciones del sistema.

En esa línea, Mauricio Retamales, director del proyecto LiBR3, liderado por CircularTec, explica que “en la industria existe una oportunidad importante para aprovechar estas baterías en sistemas de almacenamiento estacionario, ya sea para complementar la generación renovable, gestionar el consumo eléctrico o proporcionar respaldo energético. Desde CircularTec, a través del proyecto LiBR3, estamos trabajando en el desarrollo de protocolos de diagnóstico, seguridad y trazabilidad, además de evaluar aplicaciones y modelos de negocio que permitan avanzar hacia soluciones concretas y económicamente competitivas”. 

A estas aplicaciones se suman posibles modelos comerciales como Storage as a Service, que permitirían ofrecer almacenamiento energético como un servicio, reduciendo la necesidad de que los clientes adquieran y administren directamente toda la infraestructura.

El desafío de transformar una solución tecnológica en un negocio viable

Si bien las perspectivas comerciales son relevantes, el desarrollo del mercado enfrenta dificultades que todavía deben resolverse. Entre ellas, destaca la disponibilidad limitada de baterías retiradas, los costos asociados a su transporte y manejo, y la incertidumbre respecto de su desempeño futuro.

Asimismo, Alejandra Bravo, directora de Transferencia Tecnológica de LiBR3, explica que a esto se suma “la ausencia de trazabilidad y garantías para las baterías reutilizadas, y la dificultad para competir económicamente con baterías nuevas, cuyo precio sigue a la baja, dificultan la posibilidad de integrar baterías de segunda vida al mercado”.

En ese escenario, la transferencia tecnológica adquiere especial relevancia, ya que permite conectar los avances de investigación con las necesidades concretas de las empresas y los potenciales usuarios de estas soluciones.

«Para que la segunda vida de las baterías se convierta en una industria, tenemos que identificar dónde existe una necesidad real y cómo responder a ella mediante soluciones competitivas. La transferencia tecnológica cumple un papel fundamental en ese proceso, porque permite conectar los desarrollos técnicos con modelos de negocio que puedan ser adoptados por empresas, generar nuevas capacidades y sostenerse económicamente en el tiempo», sostiene Bravo.