Por Arturo Herrera, socio de Innspiral
El 13 de abril, Volodímir Zelenski hizo un anuncio que quedará en los libros de historia. Por primera vez, una posición rusa fue capturada sin que un sólo infante ucraniano pisara el terreno. La tomaron drones FPV (First Person View, pequeños kamikazes guiados por un piloto) y vehículos terrestres no tripulados UGV (Unmanned Ground Vehicles), desarrollados en Ucrania. El TerMIT, una plataforma oruga que carga 300 kg y monta una ametralladora Browning. O el Zmiy, blindado y con IA capaz de detectar y rastrear blancos automáticamente. Los rusos, atrincherados, se rindieron ante las máquinas.
La naturaleza de la guerra no cambia. Siempre es un acto político, violento, desarrollado bajo fricción e incertidumbre. Lo que cambia es su carácter. Lo que estamos viviendo hoy es tan profundo como la aparición del primer tanque en la Primera Guerra Mundial. Los UGV ucranianos ya ejecutaron más de 22.000 misiones en el primer trimestre de 2026.
Los indicadores económicos son brutales. Un FPV cuesta US$500. Un tanque T-90, US$2,5 millones. En junio de 2025, Ucrania usó 117 drones para golpear 41 aviones en cinco bases rusas y causar US$7.000 millones en daños. En un frente de 20 kilómetros donde antes operaban cientos de soldados, hoy se despliegan sólo 20. El resto lo cubren drones, UGV, campos minados y artillería. Los UGV no reemplazan al soldado. Reducen el riesgo al que lo exponemos y amplifican su capacidad de combate.
A esto se suma una frontera aún más delicada. La autonomía con permiso para matar. En febrero, Anthropic rechazó habilitar sus modelos de IA en armas 100% autónomas para el Pentágono. La respuesta fue prohibir su uso. Sólo una pequeña demora. Las máquinas van a apretar el gatillo de forma autónoma más temprano que tarde. Si es que ya no lo están haciendo.
En 10 años, ningún país desarrollado enviará infantería masiva a morir por su patria teniendo la alternativa de usar máquinas. La guerra entre Israel/EEUU e Irán ha sido exactamente así. Misiles, drones, bombardeos de precisión, ninguna bota en terreno enemigo. La disuasión real se medirá en capacidad industrial de drones, robots, software e IA. El cambio es de complemento y paradigma, no de reemplazo.
¿Y Chile? Debemos tomar nota. Ucrania, que hace cuatro años no tenía industria militar relevante, se transformó en líder global en drones y UGV. Industria creada desde cero, con startups, universidades y grandes empresarios ucranianos que financiaron el desarrollo inicial. El sector privado es clave.
Estamos dando pasos en la dirección correcta. En FIDAE 2026, FAMAE presentó junto a la industria nacional el prototipo de un UGV blindado 6×6 con IA y visión artificial. Un paso concreto hacia la soberanía tecnológica en sistemas no tripulados. Necesitamos más de esto. Mucho más.
Chile tiene materias primas críticas, ingenieros de clase mundial y una industria tecnológica incipiente. Lo que falta es visión. Debemos re-configurar nuestro sistema de defensa. El campo de batalla ya cambió.

























