Por Esteban Polidura, Estratega Global, Julius Baer
La Oficina de Análisis Económico (BEA) de Estados Unidos informó de un crecimiento del PIB real del 1.5 % en el segundo trimestre de 2026 (tasa anualizada intertrimestral), cifra inferior a las expectativas del consenso. No obstante, esta diferencia se debió en gran medida a factores estadísticos. Un marcado aumento del déficit comercial y una acumulación significativa de inventarios restaron peso a la cifra principal, ocultando la fortaleza subyacente de la economía estadounidense. Al descontar estas distorsiones, el panorama resulta inequívocamente positivo. Las ventas internas finales aumentaron un 3.3 %, lo que refleja un impulso genuino de la demanda. El gasto de los consumidores se mantuvo sólido, respaldado por un mercado laboral resiliente, mientras que la inversión empresarial en tecnología —impulsada en gran medida por la continua expansión de la infraestructura de inteligencia artificial (IA)— contribuyó notablemente al crecimiento, consolidando una tendencia observada desde principios de 2025.
En cuanto a la inflación, el deflactor del PCE subyacente se situó ligeramente por debajo de lo previsto, lo que confirma que las presiones sobre los precios se están atenuando. Tras un periodo en el que el conflicto en Irán avivó los temores de una inflación persistente, la desaceleración secuencial del PCE subyacente constituye un avance significativo.
En conjunto, los datos del segundo trimestre acercan a la economía estadounidense a un escenario favorable de crecimiento sólido y moderación de la inflación, lo que contrasta marcadamente con la narrativa de estanflación que predominó durante los primeros meses del conflicto geopolítico. Prevemos que la economía crezca un 2.2 % en 2026 y un 2.0 % en 2027, cifras cercanas a su tasa de crecimiento potencial, con una inflación del 3.1 % y del 2.1 % en 2026 y 2027, respectivamente. Esto debería permitir tasas estables en el 3.75 % durante los próximos 12 meses. Los mercados, sin embargo, siguen descontando aproximadamente dos subidas de tasas de la Reserva Federal (Fed) durante el próximo año para balancear crecimiento e inflación.
En la eurozona, la economía mostró una resiliencia inesperada en el segundo trimestre de 2026, con un aumento del PIB del 0.4% intertrimestral; una recuperación bienvenida tras el estancamiento del bloque en el primer trimestre. No obstante, el panorama de la inflación ofrece pocos motivos para el optimismo. El dato preliminar del índice de precios al consumidor de julio se situó en el 2.9% interanual (frente al 2.8% de junio), con una inflación general mensual (ajustada estacionalmente) del +0.5%, tras haber registrado contracciones en meses anteriores. Más preocupante aún es que la inflación subyacente aumentó hasta el 2.5% interanual, superando la estimación de consenso del 2.4%, y registró un incremento mensual del 0.4% una vez ajustada por estacionalidad. La inflación de los servicios sigue manteniéndose obstinadamente alta, lo que sostiene unas presiones subyacentes sobre los precios muy por encima del objetivo del 2% fijado por el Banco Central Europeo (BCE).
Para 2026 y 2027, prevemos un crecimiento del PIB de la eurozona del 0.5% y el 1.3%, una inflación del 2.6% y el 2.0%, y una tasa de depósito estable en el 2.25% durante los próximos 12 meses. Sin embargo, las cifras publicadas han mermado considerablemente la confianza en una pausa prolongada del BCE y han reforzado las expectativas del mercado de una subida de tasas. Los inversionistas descuentan ahora una probabilidad aproximada del 85% de que se produzca una subida de tasas en septiembre. A la luz de los datos, nuestra convicción inicial de que las tasas se mantendrían sin cambios se ha reducido considerablemente.
Nos mantenemos neutrales en Estados Unidos dentro de nuestros portafolios de renta variable. En nuestra opinión, las valoraciones elevadas de las acciones estadounidenses frente a la internacional están justificadas, dado su perfil superior de crecimiento de ganancias. Sin embargo, el comportamiento del mercado está estrechamente vinculado a la tendencia de inversión en inteligencia artificial, lo que conlleva un riesgo de concentración creciente.
También mantenemos nuestra posición neutral en Europa. Un acuerdo de paz duradero entre Estados Unidos e Irán, que incluya planes para reabrir el estrecho de Ormuz, podría reducir en parte la brecha de rendimiento desfavorable de las acciones europeas frente a las estadounidenses. Aunque prevemos un impacto negativo limitado derivado del potencial endurecimiento monetario del BCE, el mercado podría reaccionar de forma adversa ante tasas más altas.

























