Durante años, la logística fue vista como la trastienda del negocio: ese lugar poco visible donde se guardaban productos, se preparaban cajas y se coordinaban despachos. Hoy ocurre todo lo contrario. La logística está en primera fila y forma parte de la experiencia que una empresa entrega a sus clientes.
No se trata solamente de mover productos de un punto a otro. Se trata de cumplir promesas.
Cuando una persona compra por internet, espera que el producto esté disponible, que el pedido llegue en la fecha informada y que pueda conocer su estado durante el trayecto. Si alguna de esas piezas falla, toda la experiencia se tambalea, como una mesa a la que le falta una pata.
En Chile, el crecimiento del comercio electrónico ha acelerado esta transformación. De acuerdo con la Cámara de Comercio de Santiago, las ventas online alcanzaron cerca de $9,5 billones durante 2025, equivalentes a unos US$10.000 millones.
Comprar por internet dejó de ser una alternativa reservada para ocasiones puntuales. Hoy es una práctica habitual para miles de consumidores que adquieren desde vestuario y artículos electrónicos hasta productos para el hogar.
Este cambio también ha elevado las expectativas. Hace algunos años, esperar varios días por una compra podía parecer razonable. Ahora, una entrega lenta o sin información genera frustración. El consumidor compara la experiencia con otras plataformas, aunque las empresas tengan tamaños, recursos y estructuras completamente diferentes.
Es parecido a lo que ocurre en un restaurante. El cliente no ve cómo funciona la cocina, pero sí nota inmediatamente si su plato llega tarde, frío o equivocado. En el comercio electrónico pasa lo mismo, el comprador no conoce la bodega ni los sistemas de inventario, pero percibe cada error en la entrega.
El mayor movimiento del canal digital también se refleja en el transporte y el almacenamiento. El Instituto Nacional de Estadísticas informó que el Índice de Ventas de Transporte y Almacenamiento acumuló un crecimiento de más de un 7% durante 2025.
Sin embargo, vender más no siempre significa estar preparado para crecer.
Una empresa puede aumentar rápidamente sus pedidos gracias a una campaña, una nueva colección o una fecha como el CyberDay. El problema aparece cuando su operación logística continúa funcionando con la misma capacidad de antes.
Preparar cien pedidos al mes puede resolverse con un equipo reducido y procesos relativamente simples. Preparar miles requiere otra estructura: mayor capacidad de almacenamiento, control de inventarios, tecnología, personal especializado y coordinación con distintos canales de entrega.
La logística debe crecer al mismo ritmo que el negocio. De lo contrario, puede convertirse en un cuello de botella: las ventas avanzan, pero los pedidos quedan atrapados detrás.
El e-commerce fulfillment reúne todas las etapas que ocurren desde que una persona confirma una compra hasta que recibe el producto. Incluye la recepción de mercadería, el almacenamiento, la actualización del inventario, la preparación del pedido, el embalaje, el despacho y la gestión de eventuales devoluciones.
No es únicamente una sucesión de tareas operativas. Es una cadena en la que cada eslabón depende del anterior.
Si el inventario no está actualizado, la empresa puede vender un producto que ya no tiene disponible. Si el pedido se prepara de forma incorrecta, aumenta la posibilidad de cambios y reclamos. Si el despacho no se coordina bien, la promesa realizada al cliente pierde valor.
Para una empresa que comienza a crecer, trabajar con un operador especializado puede aportar flexibilidad. En lugar de construir una operación completa desde cero, puede acceder a infraestructura, sistemas y equipos capaces de adaptarse a los distintos niveles de demanda.
Es similar a lo que ocurre con los servicios tecnológicos en la nube, una compañía no necesita comprar todos los servidores que podría llegar a utilizar en el futuro. Puede ampliar su capacidad a medida que su actividad lo exige. En logística, esa posibilidad de escalar también resulta clave.
La última milla corresponde a la etapa final del recorrido, desde un centro de distribución hasta el domicilio o punto de retiro seleccionado por el comprador.
Aunque su nombre sugiere un trayecto corto, suele ser una de las partes más complejas de la operación. Hay que considerar la congestión, las distancias, los horarios de recepción, los intentos de entrega fallidos y las particularidades de cada ciudad.
En Chile, la geografía añade otro nivel de dificultad. Distribuir dentro de Santiago no plantea los mismos desafíos que entregar en ciudades intermedias o en zonas más alejadas. No existe una única fórmula válida para todo el territorio. Se necesita una red capaz de adaptarse a distintas realidades.
La última milla es, en cierta forma, la cara visible de toda la maquinaria logística. Una empresa puede haber realizado correctamente diez procesos internos, pero si el pedido llega tarde o en malas condiciones, el cliente recordará ese último momento.
En este contexto, la elección de un proveedor logístico no debería depender únicamente del precio. También importa su capacidad para responder cuando el volumen aumenta, integrar distintos canales, ofrecer visibilidad sobre el inventario y gestionar las devoluciones sin convertirlas en un problema mayor.
Logisfashion es un ejemplo de operador logístico en Chile que ofrece este tipo de soluciones. La compañía dispone de centros de distribución, con cerca de 150.000 metros cuadrados de capacidad.
Su operación incluye almacenamiento, fulfillment para ecommerce, distribución, logística omnicanal, última milla y gestión de devoluciones. También cuenta con capacidad para procesar miles y miles de pedidos diarios en sus operaciones de fulfillment en Santiago.
Este tipo de infraestructura permite que una empresa no tenga que frenar cuando sus ventas despegan. Al contrario, puede apoyarse en un socio preparado para acompañar ese crecimiento, absorber los períodos de alta demanda y mantener el nivel de servicio.
La logística ya no es el vagón que cierra el tren. Es parte del motor que permite que el negocio avance. Y en un mercado donde la experiencia de entrega pesa casi tanto como el producto, contar con una operación confiable puede marcar la diferencia entre crecer de forma ordenada o tropezar con el propio éxito.

























