La nueva alianza entre impacto y rentabilidad. BELAT
Rodrigo Bustos Olavarría, Gerente General de BELAT

Por Rodrigo Bustos Olavarría, Gerente General de BELAT

Durante décadas – y siglos, a decir verdad – el mundo financiero operó bajo una premisa aparentemente indiscutible: que el dinero era neutro. Que mientras ofreciera rentabilidad, su destino era secundario. Sin embargo, esa creencia que sustentó buena parte del sistema económico que hemos heredado y que vivimos, hoy resulta insostenible. 

En este contexto, es importante darse cuenta de que el dinero no solo genera rentabilidad: finalmente, modela el mundo y las sociedades en las que vivimos. Y hasta ahora, lo ha hecho en silencio. Sin mucho cuestionamiento. ¿Te has preguntado alguna vez qué pasa con tu dinero mientras no lo estás usando? Esa pregunta, que parece simple, hace toda la diferencia: en mis 22 años de experiencia como banquero “tradicional”, hasta hoy nunca un cliente me preguntó qué hacía el banco con el dinero que tenía depositado. Y francamente, yo tampoco me lo cuestioné durante mucho tiempo. 

Esa omisión, que parece menor, es el punto de partida para una reflexión acerca de cómo puedo darme cuenta del poder que cada uno de nosotros tiene al usar conscientemente su dinero. Los bancos no tienen recursos. Usan los nuestros. Y esa premisa básica, la verdad, casi siempre se nos olvida. 

Hacerse esa pregunta es precisamente el punto de partida para una transformación profunda: alinear nuestras decisiones financieras con los desafíos que enfrentamos como sociedad. La llamada inversión de impacto no es filantropía ni bondad; es una respuesta estructural que redefine el concepto mismo de rentabilidad. Según el Global Impact Investing Network (GIIN) – una de las organizaciones más influyentes a nivel mundial en este ecosistema – los activos bajo gestión con enfoque de impacto ya superan los USD 1.571 billones (en 2020, esa cifra se estimaba en MM$ 715 mil millones).

En BELAT hemos buscado aportar desde una lógica regional, integrando inversión con crédito de impacto, combinando un retorno financiero competitivo (que legítimamente reciben nuestros inversionistas) con indicadores de impacto asociados a los créditos que cursamos: más de USD 135 millones en el financiamiento de más de 1.250 operaciones de crédito en sectores de la economía real, como son la educación de calidad, cultura, salud, energía renovables, alimentación, vivienda social, entre otros. 

Y lo hemos hecho con el mismo rigor técnico que exige el mercado de financiamiento, pero con una diferencia crucial: nuestro modelo de propiedad responsable (steward ownership), que resguarda nuestro propósito. Porque cuando la escala crece, la coherencia de la estrategia se pone a prueba. 

Invertir es tomar posición. Es declarar el tipo de futuro que estamos dispuestos a financiar. No solo es una decisión ética. Es una estrategia de resiliencia, reputación y creación de valor sostenible. La alianza entre impacto y rentabilidad no es una utopía: ya está ocurriendo. La pregunta es si decidimos sumarnos a ella.

 

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